Caritas Buenos Aires

Diálogos para el Alma: “No Somos Okupas" (Meditación – 11º semana)

Hoy quisiera poner por escrito y de esta manera compartirte una pregunta que en ciertos momentos me hago: “¿Por qué me resulta tan difícil ser un creyente amable, pacífico y misericordioso como desearía ser?” Imagino que vos también te la haz hecho. Hace poco me animé a llevarla a mi oración personal. Luego de plantearla en la presencia de Dios, como de repente me vino a la mente la cita de Salmo 119, 76. Mientras buscaba la Biblia, recordé que varios de los salmos fueron rezados por David. Entonces me puse en contacto con él para pedirle me explicara la cuestión que paso a transcribir a continuación:

– Antes que nada – dijo él – quiero compartirte este mensaje no para atacarte o sermonearte. Por el contrario, yo creo tener para vos la palabra de esperanza que a mi me ayudó. Paso a explicarte que tiene que ver la cita bíblica con tu planteo de por qué te resulta difícil ser el cristiano amable, con gracia y misericordia que deseas ser. La clave se encuentra en el Salmo. Ahí el que lo reza hace una afirmación poderosa: “Que tu misericordia me asista y consuele, de acuerdo a la promesa que me hiciste” (Salmo 119, 76). En este pasaje el significado es, “Señor, tu Palabra me dice que yo soy consolado al saber que tú eres misericordioso y lleno de compasión conmigo. Déjame encontrar consuelo en esta gran verdad.”

Si buscas en la Biblia las palabras “misericordioso” y “misericordia,” podrás encontrar miles de referencias. La Palabra de Dios nos empacha con numerosas promesas acerca de su maravillosa gracia, su bondad y compasión. Dios quiere impregnar en nosotros el convencimiento de que Él es misericordioso, compasivo, lerdo para enojarse por nuestras fallas, debilidades y tentaciones.

Se que te cuesta creerlo, entonces leamos el Salmo 103, 8 “El Señor es ternura y compasión, lento a la cólera y lleno de amor”.

– Todas las promesas de misericordia de parte de Dios – Continuó diciéndome David con insistencia – nos son dadas para consolarnos durante nuestras pruebas. Cuando le fallamos a Dios, nosotros pensamos que Él está enojado con nosotros, que está listo para juzgarnos y dejarnos solos en nuestra miseria. Pero en su lugar, Él quiere que nosotros escuchemos: “¿Cómo voy a dejarte abandonado…? ¿Cómo no te voy a rescatar…? … Mi corazón se subleva contra mí y se enciende toda mi ternura. No puedo dejarme llevar por indignación,… pues soy Dios y no hombre. Yo soy el Santo que está en medio de ti, y no me gusta destruir.” (Oseas 11, 8-9)

Entiendes, El te sacará adelante. Simplemente arrepiéntete vez, tras vez. No está enojado contigo. Dios es misericordioso, lleno de gracia y amor para contigo. Encuentra desahogo en esto. Es consolador creer y aceptar, sin buscar entender, que su misericordia nunca nos abandonará. Cuán reconfortante es saber que cuando nosotros pecamos o fallamos, su amor hacia nosotros se vuelve más intenso y fuerte, pues es atraído por nuestra debilidad.

Puedo estar seguro de que te estarás preguntando ¿Cómo saber si abuso de su misericordia? Te aconsejo que te graves esto en tu corazón: “Mientras haya sincero arrepentimiento frente a tu reincidente debilidad, nunca estarás abusando de la inacabable misericordia de Dios.”

Cuando definitivamente decidas habitar o vivir, en el corazón misericordioso de Dios, el enemigo te hará creer que eres un usurpador o un okupa, como dicen hoy. Recuerda en esos momentos: “Tú que habitas al amparo del Altísimo y resides a la sombra del Omnipotente, dile al Señor: “Mi amparo, mi refugio, mi Dios, en quien yo pongo mi confianza”. El te librará del lazo del cazador y del azote de la desgracia; te cubrirá con sus plumas y hallarás bajo sus alas un refugio. No temerás los miedos de la noche…” (Salmo 91, 1-5)

Permíteme terminar diciendo: A menos de que nosotros encontremos consuelo en la misericordia que Dios nos muestra, no podremos ofrecer la misericordia que ofrece consuelo a los demás. Solamente cuando tomamos conciencia de la irresistible misericordia de Dios entonces habrá un derrame de misericordia hacia todos los que nos rodean.

Nadie puede dar lo que no recibió. Llegamos a ser personas misericordiosas porque nosotros mismos estamos morando en la permanente e inagotable misericordia de Dios.

– ¡Gracias David! Voy a compartir tus consejos con mis amigos, ya que creo no ser tan original para pensar que soy el único al que le pasan estas cosas.

“Cualquier semejanza con tu realidad es pura Providencia.” Daniel Gassmann

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Para meditar en comunidad o en la intimidad del corazón:

–          ¿En qué momentos te cuesta ser un creyente amable, pacífico y misericordioso como desearías ser?

–          ¿Alguna vez buscaste la misericordia de Dios para así poder ser misericordioso con tu comunidad?¿Qué respuestas obtuviste?

“Señor, ayúdanos a encontrar tu misericordia para poder compartir tu amor con nuestros hermanos”.

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