Caritas Buenos Aires

Diálogos para el Alma: “Diálogo con María" (Meditación – 13º semana)

Hoy le pregunté a María (luego de que le fuera anunciada su maternidad divina por el Ángel Gabriel):

-¿Qué quisiste decir cuando le preguntaste?: “¿Cómo puede ser eso, si yo no conozco varón?” (Lucas 1,34). ¿Esa pregunta era manifestación de duda, de incredulidad?

– Ella me dejó entender:“Yo simplemente necesitaba saber: ¿Qué debía hacer de mi parte? ¿Cómo podía colaborar en ese plan? ¿Qué parte me correspondía a mí?Siempre supe que Dios obra ordinariamente por las leyes naturales y sencillamente por ese motivo, necesité hacer esa pregunta, ya que como mujer en esas leyes podía intervenir participando.

Continúo diciéndome:
-Cuando el ángel me respondió: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el niño santo que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios” (v. 35)……. Ahí acepté, que sería obra exclusiva del poder omnipotente de Dios y no por las limitadas leyes naturales de causa y efecto en las que yo debía colaborar. Al descubrir que Dios lo haría directamente, solo pude aceptar y cooperar diciendo: “Yo soy la sierva del Señor, hágase en mí tal como has dicho” (v. 38), ya que resonaba como un eco en mi alma la afirmación de Gabriel, quien conocía más que yo a Dios: “Para Dios, nada es imposible” (v. 37).

Animado por su humana o divina (no podía distinguir) sencillez de su respuesta, le dije: “Yo creo que vos María has sido concebida sin pecado original, entonces, ese privilegio tuyo, me hace diferente en la vivencia de la fe, pues yo en cambio soy un pecador”.

María me hizo ver que: “Justamente ese privilegio, es en vista al Hijo de Dios que concebiría en su vientre, pues debía ser inmaculado, es decir sin mancha, virgen. Fue la acción del Poder de Dios que se anticipa, como parte de una plan de Amor, que El llevaba a cabo desde antes, sin que ella lo supiera”.

Sin casi pensarlo, pues me di cuenta que mis preguntas no las hacía por dudas, sino como ella, por una sencilla curiosidad de querer participar del plan de Dios para mi, pregunté: “¿Cómo puede ser eso en mí, si yo no tengo ese privilegio?”

– Dios sabía que vos serías pecador desde que te concebiría tu mamá y en previsión de ello, Jesús vino a enseñar que la Misericordia de Dios no tiene límites. Cada vez que vos pidas perdón, El te estará perdonando. Eso también es imposible humanamente de entender y por tanto de aceptar si no es por fe. No debes ponerle limites a Dios, pues no los tiene. Yo también debí aceptar por fe, su plan humanamente imposible.

Vos debes decir: “Yo soy el siervo del Señor, hágase en mí tal como has dicho” y lo haces cada vez que luego de pedir perdón, aceptas que El te perdona, pues así te lo dijo Jesús varias veces en los Evangelios.

Yo debí renovar a lo largo de mi vida ese “Hágase”, y reconocerás que me fue más difícil que a vos, pero lo hice hasta cuando “La espada atravesó mi corazón”.  Hijo, tienes que aceptar ser un “Signo de contradicción”, para con vos mismo, reconociendo que El siempre te perdonará, unas mil millones de veces, pues “Nada hay imposible para Dios”, es decir vos gozas del “privilegio” de su perdón. El tema es que te reconozcas privilegiado, aún cuando el privilegio implique saber que volverás a pecar.

Con entusiasmo me dijo: Te aseguro de que es posible que te canses de pedir perdón, pero es imposible que el se canse de perdonarte.

– María: ¿Qué puedo hacer yo para corresponder a ese Perfecto Amor de Dios?

– Te repito lo que enseñó mi hijo: “Se perfecto como el Padre Celestial”, es decir Discípulo silencioso de su perdón en tu diaria intimidad y Apóstol de su Infinita Misericordia para una humanidad herida por pecados propios y ajenos. Entonces: “Bendito seas entre los creyentes por haber confiado en un Dios Misericordioso”.

– Solo me salió decirle: ¡Gracias María por enseñarme con tanta ternura!

“Cualquier semejanza con tu realidad es pura Providencia”

Daniel Gassmann (dalugas@gmail.com)

inmaculada-concepcion

Para meditar en comunidad o en la intimidad del corazón:

– ¿En qué momento sentís que sos un discípulo silencioso de su infinito perdón? ¿Cómo podrías hacer para que estas situaciones sucedan más frecuentemente?

– Tal como nos enseña María, ¿podrías afirmar que eres un “Apóstol de su Misericordia” a través de las acciones que realizas en tu comunidad? ¿Podrías dar ejemplo de alguna de ellas y compartirlas con el grupo?

 “Señor, yo soy tu siervo, hágase en mí tal como has dicho”

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