Caritas Buenos Aires

Diálogos para el Alma: “Ahogados en su Aflicción" (Meditación – 17º semana)

Oyendo hablar a algunos hermanos cristianos, me doy cuenta que para muchos creyentes, el tocar fondo significa el final. Llegan a abrumarse de tal manera por sus fracasos, que los conduce a sentirse devaluados. Con el tiempo se sienten atrapados y sin salida humanamente posible. En esos momentos llegamos a parecernos a lo que Isaías escribió acerca de estos creyentes, “¡Pobrecita, fatigada por la tempestad y sin consuelo!” (54,11).

Fue así que le pregunté al Espíritu Santo:

– ¿Qué es lo que nos pasa en momentos de tocar fondo? Luego de un momento de espera, sentí que El me respondía:

– “En esos momentos muchos creyentes hasta llegan a enojarse con Dios. Se cansan de esperar que El actúe según criterios humanos, así que los oigo gritar con un tono acusador, “Señor, ¿dónde estabas cuando te necesitaba? Clamé a Ti para que me liberaras pero Tú nunca me respondiste. He hecho todo lo que pude hacer, pero aún no soy libre. ¡Estoy cansado de arrepentirme y de llorar sin poder ver ningún cambio!”

– ¿Qué rol juega la falsa imagen que nos formamos de Dios?

– Muchos creyentes simplemente se rinden y se entregan a los deseos de la sociedad de consumo. El resto, cae en un sopor de apatía espiritual. Ellos se convencen de que Dios no está interesado más en ellos. Se dicen a sí mismos como escribió Isaías “¿Por qué dices y repites: “El Señor no me mira, mi Dios no se preocupa por mis derechos”?” (40,27). “Me abandonó mi Dios, el Señor se olvidó de mí” (49,14).

– También es cierto que otros reaccionan de forma diferente, pues no se animan a protestar, ya que sería blasfemar, reprimidos por su limitada educación religiosa.

– Existen otros creyentes que terminan enfocando toda su atención en su fracaso para mantenerse en un estado constante de culpabilidad. Sin embargo, esto solamente les provoca desconcierto y los lleva a clamar como escribió Ezequiel, “Estamos bajo el peso de nuestros pecados y nos desesperamos sin expectativa de salir de ellos.” (33,10).

– Es difícil seguir esperando, cuando te formaron con el “Algo habrás hecho”.

– Debemos pensar que la fe inmadura tenga algo de eso. Está muy difundida la espiritualidad del “Chivo expiatorio”, es decir alguien tiene la culpa de que las cosas no se den o de que no quede satisfecha mi necesidad. Es así que hacen de la conciencia mal formada un altar para la Culpa, que termina convirtiéndose en Dios. Ese tipo de persona necesita ser siempre víctimas.

– Tuve que admitir que al final de tu enseñanza y habiendo pasado muchas veces por estas situaciones, reconozco hoy que en realidad, el sentimiento de culpa no es un fin en sí mismo. Cuando somos humillados por la culpa y el dolor de nuestro pecado, no debemos permanecer en estos sentimientos, pues es mirarnos al ombligo. Por el contrario éstos deben conducirnos a tocar fondo, para: ¡Elevar la mirada a la victoria de la cruz!

PD: “Cualquier semejanza con tu realidad, es pura Providencia” (dalugas@gmail.com)

Ahogados en su aflicción - Caritas Buenos Aires

Para meditar en comunidad o en la intimidad del corazón:

– Mientras leías este texto, ¿te sentiste identificado con alguna de estas situaciones? ¿Podrías recordar cuál de ellas?

 – Para charlar con tu comunidad: ¿Podrías enumerar algún ejemplo y acciones de cómo dejar la culpa de lado y salir de estas crisis de una forma positiva?

“Señor, que a través de nuestra fé en ti podamos elevar la mirada a la victora de la Cruz”

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