Caritas Buenos Aires

Diálogos para el Alma: “Olvidadizos" (Meditación – 31º semana)

Ayer fui a la misa de un amigo cura, al finalizar nos saludamos, para luego retirarme. A la salida del templo me detuvo un joven diciéndome que me recordaba, le pregunté ¿de dónde?, a lo que me respondió de la cárcel, cuando había ido a misionar, una de las tantas veces con el cura amigo. Me quería agradecer por todo lo que se hizo por él al hacerle conocer a Jesús, pues El le cambió la vida y hoy era un hombre totalmente nuevo viviendo una verdadera libertad. Nos abrazamos, recordando de dónde lo había rescatado Dios, para luego despedirnos.

Ya en mi casa me quedé pensando, impactado por el testimonio de cambio y perseverancia obrado en este muchacho, reconociendo que muchos somos olvidadizos. Muy rápido se nos olvida de dónde nos sacó el Señor, olvidamos su obra maravillosa en nosotros y la preciosa paz que experimentamos el día que Él nos abrazó por primera vez. Fue así que recordé al profeta Oséas que le tocó en carne propia tratar el tema del olvido y alejamiento del pueblo de Dios le pregunté:

– ¿Por qué con el tiempo algunos nos volvemos olvidadizos?

– El mismo problema que tuvo el pueblo de Israel hace tantos años es el que tienen recurrentemente ahora: la pasión que sentimos por nuestro Dios se evapora de a poquito con todas las cosas que tenemos que hacer. El vicio cotidiano de la costumbre.

– ¿Qué le sucede a Dios, que te haya hecho saber para que nos pongamos en su lugar?

– Dios no se conforma con eso. Él te llama a sus brazos continuamente, para que estés con Él y para que recuperes tu primer amor. Por eso le decía a su pueblo: “¿Qué voy a hacer contigo, (hijo)? ¿Qué voy a hacer contigo, (hija)? El amor de ustedes es como nube matutina, como rocío que temprano se evapora”. (Oseas 6,4)

– En otro momento de la historia que recuerdes, ¿sucedió?

– Siempre ha sido y será así, por esto mismo Dios le decía a Moisés para su pueblo: “¡Pero tengan cuidado! Presten atención y no olviden las cosas que han visto sus ojos, ni las aparten de su corazón mientras vivan. Cuéntenselas a sus hijos y a sus nietos”. (Deuteronomio 4,9).

– ¿Sucedió también en los inicios de la Iglesia? que vos sepas….

– ¡Sí! De hecho también se lo recordó Juan a la iglesia de Éfeso, ellos se jactaban de sus buenas obras, pero Dios les recordó que a pesar de todo eso: “Hay algo que no me gusta de ti, y es que ya no me amas tanto como me amabas cuando te hiciste cristiano” (Apocalipsis 2,4).

– ¿Podemos amarlo, aún sabiendo que seguiremos siendo pecadores?

– Escucha lo que dice Juan al respecto: “Pero si reconocemos ante Dios que hemos pecado, podemos confiar siempre en que El, que es justo, nos perdonará y nos limpiará de toda maldad” (1Juan 1,9).

– ¡Hay veces que heredamos el olvido de Dios por no haber vivido en un ambiente religioso!

– No es novedad lo que dices, ya que: “Desde la época de sus antepasados se han apartado de mis preceptos y no los han guardado. Vuélvanse a mí, y yo me volveré a ustedes dice el Señor Todopoderoso” (Malaquías 3,7).

– Noto que muchos recibimos una fe por tradición y no de experiencia de amor. ¿Eso es lo que realmente Dios quiere?

– Te respondo que en realidad esto es lo que Dios quiere: “Lo que pido de ustedes es amor y no sacrificios, conocimiento de Dios y no holocaustos” (Oseas 6,6). Por eso, hoy más que nunca, vuelve a amar a Dios como aquel primer día, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente como dijo por otro profeta: “Así dice el Señor: Deténganse en los caminos y miren; pregunten por los senderos antiguos. Pregunten por el buen camino, y no se aparten de él. Así hallarán el descanso anhelado” (Jeremías 6,16).

– Es cierto que nos acordamos de Dios cuando nos va mal y lo olvidamos cuando nos va bien.

– Para muchos, Dios es como “los bomberos”. Se olvidan de su existencia y desoyen las normas de precaución, hasta que se les quema la casa y llaman a los “bomberos”.

Por eso hoy Dios dice: “Ten cuidado de no olvidar al Señor tu Dios. No dejes de cumplir sus mandamientos, normas y preceptos que yo te mando hoy. Y cuando hayas comido y te hayas saciado, cuando hayas edificado casas cómodas y las habites, cuando se hayan multiplicado tus ganados y tus rebaños, y hayan aumentado: tu plata y tu oro…y sean abundantes tus riquezas, no te vuelvas orgulloso ni olvides al Señor tu Dios, quien te sacó de Egipto, la tierra donde viviste como esclavo” (Deuteronomio 8,11-14).

– El mensaje es muy claro: “Ya sea en la abundancia o en la escasez, no te olvides del Señor tu Dios”.

– Hoy te invito a orar como lo hice en mi tiempo con el pueblo de Israel: “Conozcamos al Señor; vayamos tras su conocimiento. Tan cierto como que sale el sol, El habrá de manifestarse; vendrá a nosotros como la lluvia de invierno, como la lluvia de primavera que riega la tierra” (Oseas 6,3).

– ¡Amén!

 

PD: “Cualquier semejanza con tu realidad, es pura Providencia.”(dalugas@gmail.com)

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Para meditar en comunidad o en la intimidad de tu corazón:

– ¿Te acordás el momento en que conociste a Jesús? ¿De dónde te “sacó” el Señor?

– ¿Cómo podemos hacer comunidad para no olvidarnos de ese momento y amor a nuestro Padre como el primer día?

 

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