Caritas Buenos Aires

Diálogos para el Alma: “Por Ignorar el Perdón" (Meditación – 34º semana)

 Hoy me senté a conversar con una mujer ya mayor, quien me contaba que desde que tiene uso de razón, la acompaña una gran tristeza de la cual nunca pudo liberarse, aún siendo una persona de fe. Inmediatamente sentí necesidad de preguntarle:

– ¿Qué le pasó cuando era muy niña?

– Cuando era muy pequeña, un familiar me tocó y pasado unos años otro hizo lo mismo y nunca se lo conté a nadie, por el susto y luego por temor, hasta hoy.

Entonces le dije:

– Debemos hablar del Perdón.

Pablo escribe: “Hermanos, no tomen la justicia por su cuenta, dejen que sea Dios quien castigue, como dice la Escritura: Mía es la venganza, yo daré lo que se merece, dice el Señor” (Romanos 12,19). Él está diciendo: “Soporten el daño. Ríndanlo y avancen.

Vivan en el Espíritu”. Sin embargo, si decidimos no perdonar las ofensas que nos han hecho, enfrentaremos algunas consecuencias: nos sentiremos más culpables que la persona que ocasionó la herida, sufriendo continuamente.

– Eso es lo que me ha sucedido, sintiendo lejos a Dios.

– El odio a otros o a nosotros, nos hace impermeables a la gracia y misericordia de Dios. Luego…. a medida que las cosas comiencen a ir mal en nuestras vidas, no lo entenderemos, porque estaremos en desobediencia al no perdonar, llegando a enojarnos con Él.

– También pasé por el enojo con Dios.

– El recuerdo de los maltratos del agresor en contra nuestra, continuará robándonos la paz, aunque él ya no esté. El obtendrá la victoria al lograr herirnos de forma permanente.

El mal espíritu logrará conducirnos a no contarle a nadie, para luego tener pensamientos de venganza, que se volverán contra nosotros, él podrá llevarnos a pecados aun más graves.

Y cometeremos transgresiones aun peores que éstas.

– Eso fue lo que exactamente me sucedió, hasta desear la muerte.

– El escritor de Proverbios, aconseja: “La cordura del hombre detiene su furor, y su honra es pasar por alto la ofensa” (Proverbios 19,11). En otras palabras, no debemos hacer nada hasta que nuestra ira no haya menguado. Nunca debemos tomar una decisión ni tomar medidas mientras estemos aún enojados. Pasado ese enojo, comenzar a perdonar.

– Hoy veo que llegó el momento de probar el perdón, pues hasta hoy probé lo contrario.

– Cada vez que pasamos por alto las ofensas y perdonamos los pecados cometidos en contra nuestra, traemos la paz de nuestro Padre celestial. Al hacerlo, nuestro carácter es edificado y fortalecido. Cuando perdonamos como Dios perdona, Él nos lleva a una revelación de favor y bendición que nunca conocimos, pues hemos vivido lo contrario.

– ¿La falta de perdón fue la causa de vivir en una nube de tristeza?

– Es así, ya que es consecuencia de dejar que el mal espíritu se anide en esa herida.

Jesús nos dice que ese es el fruto del “Ojo por ojo”, en cambio debemos superar ese criterio:

1. Debemos bendecirlos.

2. Debemos hacerles bien.

3. Debemos orar por ellos.

En Lucas (6,27-28), Jesús dice: “Amen a sus enemigos, bendigan a los que los maldicen, hagan el bien a los que los aborrecen, y oren por los que los ultrajan y los persiguen.”

Cambiar el odio que enferma, por amor (perdón) que sana. Rechazar la maldición, que esclaviza, por bendición que libera. Transformar el mal que nos han hecho (ultraje, persecución hasta hoy) por hacerles el bien al orar por ellos, para así vivir en libertad.

Entonces oramos para que esa niña perdonara, como una decisión, no como un sentimiento, a quienes la lastimaron. Le pedimos a Dios que comenzara a sanar esa herida, desinfectándola del odio y tristeza. Que le concediera repetir en fidelidad este perdón para que con el tiempo la fuera cicatrizando.

Lloró, nos dimos un abrazo y antes de irse le dije: “Perdonar, no es olvidar, sino recordar (cicatriz) y que no duela”.

 PD: “Cualquier semejanza con tu realidad, es pura Providencia” (dalugas@gmail.com).

Por Ignorar el Perdon - Caritas Buenos Aires
El Papa Juan Pablo II perdona por segunda vez a la persona quien le produjo un disparo en la Plaza San Pedro en 1981

 

Para meditar en comunidad o en el silencio de tu corazón:

-¿Alguna vez te ha resultado difícil perdonar? ¿En qué circunstancia? ¿Has podido hacerlo finalmente dejandote abrazar por la misericordia de Dios?

-¿Qué ofensas y pecados cometidos en contra de nuestra Comunidad deberíamos pasar por alto y perdonar para así traer la paz de nuestro Padre celestial?

 “Señor, a partir de ahora cambiaré el odio que enferma, por amor y perdón que sana”

 

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