Caritas Buenos Aires

Diálogos para el Alma: “Ven y haz tu obra en mi" (Meditación – 39º semana)

Me contaron que Juan XXIII, con motivo de la preparación de lo que luego fue el Concilio Vaticano II, pedía a la catolicidad que rogara para que el Espíritu Santo enviara la efusión de un Nuevo Pentecostés en la Iglesia. Animado, ya que lo llamaban “el papa Bueno”, en mi oración personal decidí entrevistarlo:

– ¿Cómo puede un católico común, como yo, experimentar un Pentecostés en su vida?

– Creo que si un creyente cristiano tiene un deseo intenso por llevar una vida santa, si anhela darle todo al Señor, entonces solamente existe una razón por la cual él fallará en disfrutar la bendición y la libertad prometida a través de la presencia del Espíritu Santo dentro de él. Esta razón es la incredulidad. Así como Jesús no pudo obrar milagros en su pueblo natal, debido a la presencia de incredulidad, el Espíritu Santo no puede hacer nada en nuestras vidas cuando le abrimos la puerta a la incredulidad.

– Estamos tan acostumbrados a celebrar Pentecostés o hablar del Espíritu Santo, pero parece que no pasa nada.

– Es vital para todo seguidor de Jesús no juzgar las promesas de Dios conforme a sus experiencias pasadas. Si nos agarramos completamente de sus promesas, creyéndolas con todo nuestro ser, confiando en que El nos dará fe. Si nos aferramos a lo que el mismo Espíritu testifica, entonces podremos saber que los resultados obtenidos provienen del compromiso de Dios hacia nosotros. De esta manera, seremos capaces de pararnos en el día del encuentro con Dios habiendo permanecido fieles. Simplemente, no debemos renunciar a nuestro deseo de recibir las bendiciones prometidas.

– ¿Cómo fue tu propia experiencia como simple bautizado y luego Papa?

– Hubo un momento en mi vida, cuando tuve que entregar mi futuro eterno en las promesas de Dios, para erradicar la culpa, decidí confiar en su Palabra poniendo en sus manos mi propia alma. Le presenté este gran desafío al Dios Todopoderoso: “Señor, voy a creer que Tú me has dado a tu Espíritu Santo en la Confirmación. Creo en que Él solamente puede librarme de toda cadena que me ata. Creo en que Él me trae convicción, me guía y me da el poder para vencer. Creo en que es Él quien causa en mí, el obedecer Tu Palabra. Creo en que Él nunca se apartará de mí, ni me dejará apartarme de Ti. No limitaré a Tu Espíritu en mí, con más razonamientos. Viva o muera, esperaré en Él, clamaré a Él y confiaré en Él.”

– ¿Qué sucedió a partir de ese momento?

– “Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: “¡Huesos secos, oigan la Palabra del Señor!” (Ezequiel 37,4).

– ¿Debemos hacer lo que hizo Ezequiel, orar la Palabra de Dios?

– ¡Si! Deben recordar las promesas que nos fueron dadas sobre el Santo Espíritu de Dios. Deben decirle: “Espíritu Santo, el Padre que está en el cielo me prometió, por boca de Jesús que te derramaría y te pondría en mi corazón y yo me he apropiado de esta promesa.

Yo cederé, rindiéndome y cooperaré, pues quiero ser santo. Tú dices que inducirás en mí el caminar en sus caminos, recordar su fidelidad y obedecer cada una de sus palabras. No sé cómo planeas hacer todo esto, pero Tú hiciste un juramento y no puedes mentir. Todo esto se encuentra escrito en la Palabra, Espíritu Santo. Así que ven, has tu obra en mí. He depositado mi propia alma en tu promesa.”

– ¡Gracias Padre! Intercede por mí.

PD: “Cualquier semejanza con tu realidad, es pura Providencia” (dalugas@gmail.com).

 Bocado para el Alma - Espiritu Santo

 Para meditar en comunidad o en el silencio de tu corazón:

– ¿Alguna vez fuiste “incrédulo” ante la obra del Señor? ¿Por qué crees que llegaste a ese pensamiento?

– ¿Con qué ejemplo pensás que algunas veces nos hace falta creer más en el Espíritu Santo?

“Espíritu Santo, ven y has tu obra en mi. Creo en tí ”

 

caritasbsas

-->