Caritas Buenos Aires

Diálogos para el Alma: “Buen Vino" (Meditación – 42º semana)

Anoche vi un programa en la tele sobre la elaboración del vino desde que nace la uva, luego madura, se cosecha, se elabora el mosto, hasta que se embotella el vino, que como mínimo necesita casi dos años de estacionamiento, para luego ser consumido. Casi tres años para que tenga la mínima calidad, desde que nace la uva hasta que llega a una mesa. Me dormí con esta imagen del viñedo.

Me levanté temprano para hacer mi oración, me senté y saludé a mi Biblia, la abrí, como de costumbre, pero me sorprendió hacerlo en una historia muy conocida: Jesús convierte el agua en vino. Pero antes de ingresar a la historia la Biblia me interrumpió:

– Vale resaltar tres características principales del agua: es incolora (no posee color), inodora (no posee olor) e insípida (no posee sabor). En total contraste con el vino, el cual, quienes saben de vinos, lo definen por su color, olor y sabor.

– Buena aclaración – dije.

– Ahora te pregunto a ti directamente, dijo: ¿Algún área de tu vida está como el agua? ¿Sin color, olor ni sabor? ¡Tú sabes muy bien cual es esa área, o quizás sea toda tu vida!

– Estás en lo cierto, dije.

– ¡Dios aún hoy puede transformar el agua en vino en tu vida!, agregó.

– ¿Cómo puede suceder en mi? Pregunté.

– Leer el Evangelio de Juan, capítulo 2 que lo relata de la siguiente manera:

– Comencé a leer: “Al tercer día se celebró una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús se encontraba allí. También habían sido invitados a la boda Jesús y sus discípulos.”

– Aquí encontramos la primera clave para que Dios cambie el agua en vino: Asegúrate de que junto a tu devoción a María y los santos, Jesús esté también en la fiesta (en esa área de tu vida). Afirmó.

– Continué leyendo: “Cuando el vino se acabó, la madre de Jesús le dijo: -Ya no tienen vino. -Mujer, ¿eso qué tiene que ver conmigo? -Respondió Jesús-. Todavía no ha llegado mi hora. Su madre dijo a los sirvientes: -Hagan lo que él les diga.”

– La segunda clave: Haz siempre lo que Él te diga. Interrumpió.

– Leí más: “Había allí seis tinajas de piedra, de las que usan los judíos en sus ceremonias de purificación. En cada una cabían unos cien litros. Jesús dijo a los sirvientes: -Llenen de agua las tinajas. Y los sirvientes las llenaron hasta el borde.”

– ¡Te imaginarás que llenar tinajas de piedra donde cabían 100 litros de agua no era nada fácil! En esa época no existían las canillas ni las cañerías. Lo que hacían era ir a un pozo de agua (aljibe), llenar con agua una especie de balde y lo vertían en la tinaja de piedra.

– Ahora bien, dije, mirándolo naturalmente, ¡esto no tenía sentido! Lo que hacía falta era vino y Jesús les dice que llenen las tinajas con agua.

– La tercera clave es: trabaja con lo que tienes a mano, trabaja con lo que hay a tu alcance. Lo bueno no es el agua, sino lo que Dios hace con el agua.

– ¿Por qué Jesús pide colaboración y no hizo el milagro directamente? – pregunté.

– No te inquietes, dijo. También debes notar que esos sirvientes debieron ser persistentes en su tarea a pesar de no ver ningún cambio. Quizás estaban cansados de llenar una y otra ves esas tinajas con simple agua.

– Sin embargo lo hicieron hasta que el agua llegó al borde. Leí.

– La cuarta clave es la respuesta a lo que siempre le preguntamos a Dios: ¿Hasta cuándo? Y Dios te dice: ¡Hasta el borde!

– Retomé la lectura: “-Ahora saquen un poco y llévenlo al encargado del banquete -les dijo Jesús. Así lo hicieron.”

– ¿Te imaginas a la persona que le estaba llevando al encargado eso que para él seguía siendo agua? Encima Jesús ni siquiera hizo una oración para que se convirtiera en vino. Tampoco dijo: Agua, ¡conviértete en vino!

– Que ilógico, ¿verdad? Dije espontáneamente.

– Sin embargo es así, Dios nos lleva hasta el límite de nuestra fe. Nos dice: sigue trabajando con agua. Y cuando menos lo notes, Dios hará el milagro… Sigue leyendo.

– “El encargado del banquete probó el agua convertida en vino sin saber de dónde había salido, aunque sí lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua. Entonces llamó aparte al novio y le dijo: -Todos sirven primero el mejor vino, y cuando los invitados ya han bebido mucho, entonces sirven el más barato; pero tú has guardado el mejor vino hasta ahora.”

– A lo mejor tu sientes que tu vida sí tiene color, olor y sabor pero presta atención a esto, el encargado le dice: “has guardado el mejor vino hasta ahora”. ¡Ten presente que lo bueno es enemigo de lo mejor! ¡Y siempre se puede ser mejor!

– Es aquello de “A Dios rogando y con el mazo dando”

– Recuerda esto: Dios aún hoy convierte el agua en vino, pero asegúrate de que Jesús esté en la fiesta y de hacer lo que Él ordene perseverantemente, trabajando con lo que tienes a mano, aunque no veas nada de milagroso. ¡Porque cuando menos te des cuenta Dios ya convirtió el agua en vino! Puede que la tristeza de hoy, sea parte de la alegría de mañana.

– Gracias, amiga por tu paciente sabiduría para que entienda, de a sorbos, los modos de Dios.

 

PD: “Cualquier semejanza con tu realidad, es pura Providencia” (dalugas@gmail.com).

Bocado para el Alma - Caritas Buenos AIres

Para meditar en Comunidad o en el silencio de tu corazón.

-¿Algún área de tu vida está como el agua sin color, olor ni sabor? ¿En qué cosas lo sientes?

– “ Trabaja con lo que tienes a mano, trabaja con lo que hay a tu alcance”. ¿Con qué cosas que tienes a mano podrías trabajar para llenar de agua “hasta el borde” y confiar en que el Padre la transformará en el mejor vino?

 

“Señor, tu estás en mi fiesta y confío que trabajando bajo tus ordenes podré probar el mejor vino”

 

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