Caritas Buenos Aires

Diálogos para el Alma: “Generosa Paz" (Meditación – 45º semana)

 Hay una pregunta que hace unos días viene resonando en mi interior: ¿A quiénes les concede Jesús su paz? Al dedicarle mi atención, de repente me percaté de un pensamiento o sensación personal, que por lo que escuché a otros, también acompaña a muchos creyentes: “Yo no soy digno de vivir en la paz de Cristo, tengo demasiadas caídas y luchas en mi vida, mi fe es tan débil.” Sorprendido por esta idea, decidí consultarle a mi Biblia para que me contara – ¿Quiénes eran los discípulos a los que Jesús desea esta paz?

– Haces bien en considerar a aquellos primeros hombres que recibieron la paz de Jesús. Ninguno de ellos era digno y ninguno tenía el derecho de recibirla.

– ¿Cómo que no eran dignos?

– Piensa en Pedro. Jesús estaba a punto de conceder su paz a un ministro del evangelio que pronto iba a estar maldiciendo a favor de Satanás (Mateo 16,22-23). Pedro era celoso en su amor por Cristo, pero también lo iba a negar.

– ¿Y los demás?

– Luego tenemos a Santiago y a su hermano Juan, hombres con un espíritu competitivo, siempre buscando el reconocimiento. Pidieron sentarse a la derecha e izquierda de Jesús, cuando ascendiera a su trono en gloria. (Marcos 10,35).

Los otros discípulos no eran más justos. Se enfurecieron contra Santiago y Juan, cuando éstos trataron de sobresalir.

– Me parece sorprendente descubrir estas facetas mías en ellos.

– Luego está Tomás, un hombre de Dios que había sucumbido a la duda. Tanta fe les hacía falta a todos los discípulos, que Jesús se asombraba y preocupaba. Es más, en la hora más crítica de Cristo, todos lo abandonaron y huyeron. Aun después de la Resurrección, cuando las mujeres soltaron la frase “¡Jesús ha resucitado!” se esparció por doquier, los discípulos fueron reacios a creer, más allá de que temían que Jesús les reprochara su abandono.

– Voy identificándome con ellos.

– Pero aun hay más. También eran hombres duros de entender. No aceptaban los caminos del Señor. Sus parábolas los confundían. Después de la Crucifixión perdieron todo sentido de unidad, dispersándose en todas las direcciones.

– ¡Qué cuadro!

– Estos hombres estaban llenos de temores, incredulidad, división, lamento, confusión, competencia, orgullo. Sin embargo, fue a estos mismos hombres afligidos por el dolor de haberlo abandonado y temiendo que se les reprochara, Jesús dijo: “La paz este con ustedes” (Jn 20,19) y debió reiterarla por segunda vez: “La Paz este con ustedes”. (v21)

– Es difícil superar los parámetros humanos, para creerse en paz.

– Los discípulos no son escogidos por ser buenos o justos; eso está claro también para vos. Tampoco es porque tienen talento o habilidades. Son simples trabajadores o desocupados, llegando a ser con el paso del tiempo, mansos y humildes. Cristo llama y elige a los discípulos porque ve algo en sus corazones. A medida que miraba en ellos, sabía que cada uno se sometería más adelante al Espíritu Santo.

– Esta paz de Dios ¿Tiene grados o niveles?

– En este punto, todo lo que tenían los discípulos era una promesa de paz por parte de Cristo. La plenitud de dicha paz les sería dada en Pentecostés. Ahí es cuando el Espíritu Santo vendría y moraría en ellos, en otros y hasta hoy. La paz de Cristo que reciben, proviene del Espíritu Santo. Esta paz viene a ustedes a medida que el Espíritu les revela a Cristo. Cuanto más anhelas de Jesús, el Espíritu te mostrará más de Él, y tendrás más de su paz, aún en medio de tus imperfecciones, pruebas y debilidades.

– Gracias querida Biblia por enseñarme.

 PD: “Cualquier semejanza con tu realidad, es pura Providencia” (dalugas@gmail.com).

 Bocado Para el Alma - Caritas Buenos Aires

 Para meditar en Comunidad o en el silencio de tu corazón: 

– ¿Alguna vez pensaste que no eras digno de vivir en la paz de Cristo? ¿Qué actitudes estabas teniendo para que pensaras esto?

“Señor, que tu paz esté con todos nosotros”

 

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