Caritas Buenos Aires

Diálogos para el Alma: “Enojado" (Meditación – 46º semana)

Viajando en el subte, se paró a mi lado una persona que estaba hablando por teléfono, y decía: “Hoy las cosas no me salieron bien, no fue un buen día, para colmo me siento bajoneado. Como traje de buzo, me oprime un sentimiento de culpa y fracaso.

Pareciera que en este último tiempo no pego una. Ni que me hubiera orinado un dinosaurio. He llegado a pensar que Dios está enojado conmigo. Para colmo este pensamiento se acrecienta al no saber cual es la causa. Me siento patoteado por la culpa y aturdido por el silencio de Dios”. Asombrado por esta confesión, me bajé en la siguiente estación y al llegar a casa, recé por esta persona, pero a su vez le preguntaba al Espíritu Santo:

– ¿Qué le podría responder si yo estuviera del otro lado del teléfono?

De repente, como si alguien, escuchara mis pensamientos íntimos, parecido a cuando se liga el teléfono, habló una voz, que enseguida reconocí, cuando preguntó:

– Te acuerdas esa vez que tu hija te ha dicho, sin ninguna razón: “¿Estás enojado conmigo? ¿He hecho algo equivocado?” ¿Qué respondiste?

– Simplemente me quede callado, pensando profundamente, para luego responder, “No, no estoy enojado. No hiciste nada para herirme. Sólo estoy callado”.

– Pero ella insistió: “¿Fue algo que dije?”

– “No, no dijiste nada. Todo está bien” Finalmente, para convencerla, tuve que abrazarla diciéndole: “Mira, yo te amo – no estoy enojado. ¡Pero si continúas con esto, me vas a hacer enojar!”

– Me preguntarás ¿A que viene todo esto?

– Mejor te pregunto: ¿Qué tiene que ver esto con la pregunta que te hice al inicio?

– Hijo, yo hice que esa persona se parara a tu lado, pues ¡así es como tratas a Dios, el Padre celestial! Al final del día, vas a tu habitación, apoyas en la almohada a tu conciencia y dices: “A ver, veamos, ¿cómo entristecí a Jesús hoy día? ¿Qué hice mal – qué me olvidé de hacer? Soy un desastre. No sé cómo él pueda amarme. Señor perdóname una vez más. Algún día seré tan obediente, que te será fácil amarme.”

– Tienes razón.

– Hay algo que ignoras: ¡Que Dios está ahí en todo momento, esperando para abrazarte! ¡El quiere mostrarte cuánto él te ama y quiere que te recuestes y descanses en su amor!

Recuerdas a Jesús cuando hablando del hijo pródigo, contó que luego de todas las macanas que se mandó, volvió a su hogar y fue recibido de vuelta en la casa del padre. Hecho un zaparrastroso, le puso un vestido nuevo; habiendo conocido el efecto que produce el hambre y la soledad, comió en la mesa con su padre y liberado del yugo de sus culpas, tuvo un perdón pleno. ¡Lo que este hijo supo, es que debía jugarse y arriesgarse a volver pues él estaría seguro en el amor de su padre! El apostó todo lo que le quedaba a que su padre tendría paciencia con él, trabajaría en él, lo amaría. Así es como tu Padre celestial es con vos.

– Descubro que la persona del subte le puso palabras a mi estado de ánimo.

– No importa qué tan lejos te desvíes de Dios Padre, tienes una puerta continuamente abierta para regresar. Pero debes creer lo que le enseñé a San Pablo y quise que lo dejara escrito para que te lo comparta: “El nos hizo agradables en el Amado” (Efesios 1,6).

El Padre tiene ahora mismo los brazos abiertos para abrazar a todo aquél que acepta este acceso y retorna a su amor.

– Sin lugar a dudas, Espíritu Santo, la casualidad es tu seudónimo.

PD: “Cualquier semejanza con tu realidad, es pura Providencia” (dalugas@gmail.com)

 Bocado Para el Alma - Caritas Bs As

 Para meditar en Comunidad o en el silencio de tu corazón:

– ¿Alguna vez pensaste que Dios estaba enojado con vos? ¿En qué contexto lo hiciste?

– ¿Qué actitudes cambiarías para volver definitivamente a los brazos amorosos del Señor?

“Señor, sabiendo que me amas incondisionalmente, me dejaré recostar en tus brazos”

 

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