Caritas Buenos Aires

Bocados de ánimo: “Edificio Interior" (Meditación – 72º semana)

Hoy fui a misa a una iglesia muy querida por mi, pues guarda muchos recuerdos de momentos especiales de mi vida de fe. Que sorpresa me llevé al ver que estaba casi vacía de participantes. Triste volví a mi cotidianeidad preguntándome:

¿Qué es lo que más quiere nuestro Señor de aquellos que confiesan ser devotos a él? ¿Qué será lo que lo complace y bendice? ¿Será que construyamos más iglesias? ¿Más colegios o Institutos catequísticos? ¿Más albergues e instituciones para los que sufren?

Un soplo de hojas de mi Biblia me llevó hasta la historia de David (1Samuel 7,2) y luego de leer el Espíritu Santo me susurró:

-¡Todas estas cosas son buenas y necesarias!, ¡pero aquel que no habita en edificios hechos por el hombre quiere mucho más que eso! Salomón creyó haber edificado un templo para Dios que perduraría para siempre (1Reyes 5,16), pero en unos cuantos años ya estaba en decadencia, y en menos de cuatrocientos años, estaba completamente destruido.

Lo que nuestro Señor desea más de su pueblo, de sus ministros y pastores es ¡tener comunión con él! ¡Ser uno con él y sentarse a la mesa de su presencia! ¡Un lugar donde tener intimidad y pasar tiempo juntos! ¡Que vayan a él continuamente para recibir alimento, fortaleza, sabiduría y tener comunión!

Esta generación tiene una revelación limitada del Señor Jesús porque muchos están ausentes del banquete – el banquete de tener comunión con el Señor. ¡Sus asientos están vacíos! Pocos conocen la grandeza y majestuosidad de ese llamado tan alto en Cristo Jesús.

Equivocadamente reciben gozo espiritual cuando obtienen resultados apostólicos, en lugar de recibirlo al tener comunión. ¡Están haciendo más y más cosas por un Señor del cual conocen menos y menos! Se esfuerzan, se agotan, van a cualquier lugar que los invitan, y se entregan a trabajar para él – ¡pero muy rara vez van al banquete! ¡Reciben frecuentemente el cuerpo de Señor, pero muy casualmente, estando seriamente deseosos de tomar sus asientos y aprender de él!

– Al escucharte pienso que en vez de rezar “danos el pan de cada día” deberíamos decir: “danos hambre de tu pan.” Dije.

– Pablo hace referencia a tres años que él pasó en el desierto de Arabia. Esos fueron tres años gloriosos, sentado en los lugares celestiales a la mesa del Señor. Fue allí donde le enseñé a Pablo todo lo que él llegó a conocer de Jesús, y la sabiduría de Dios se manifestó en él. ¡El haberse convertido no fue suficiente para Pablo! ¡El haber tenido una visión sobrenatural de Cristo, el milagro de haber escuchado su voz desde los cielos no fue suficiente! ¡Él había captado una visión fugaz del Señor y quería más!

Algo dentro del alma de Pablo clamó, “¡Oh, que pudiese conocerlo!” No es de extrañarse que él pudiera decirle a todo el sistema Cristiano, “Pues me propuse no saber entre ustedes cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado” (1 Corintios 2,2). Él estaba diciendo, “Que el Judaísmo de Jerusalén guarde sus legalismos. Que otros aleguen sus puntos doctrinales. Que los que buscan ser justificados por sus obras se agoten intentándolo. Pero yo, ¡yo quiero más de Cristo!

-Gracias Espíritu Santo y “danos hambre de tu pan.”

PD: “Cualquier semejanza con tu realidad, es pura Providencia” (dalugas@gmail.com).

Bocado Para El Alma - Caritas Buenos Aires

 Para meditar en Comunidad o en el silencio de tu corazón:

– ¿Te sentás lo suficiente a la mesa del Señor? ¿Podés encontrar en el fondo de tu corazón las causas de esto? ¿Cuáles son?

“Señor, danos hambre de tu pan cada día”

 

caritasbsas

-->