Caritas Buenos Aires

Bocados de ánimo: “Declarar la Quiebra" (Meditación – 77º semana)

 

En estos últimos tiempos me encontré por esas casualidades de Dios con creyentes que hacía años que no veía y otros me han escrito para expresarme su preocupación por los muchos feligreses que simplemente se están rindiendo. “Cristianos buenos y honestos están tan agobiados con culpabilidad y tormento que causa desesperación. Cuando no pueden vivir de acuerdo a sus expectativas, cuando caen de vuelta en pecado, ellos deciden rendirse…”

Un número creciente de cristianos están a punto de declararse en quiebra. Unos cuantos sacerdotes, religiosas o dirigentes nunca imaginaron llegar a entretenerse en pensamientos de abandonar su amor por Jesús, pero por desesperación ellos consideran rendirse y ya no seguir intentándolo.

Aún así algunos ministros hoy día continuamente predican sólo un mensaje positivo. Según ellos, cada cristiano está recibiendo milagros, cada uno está recibiendo respuestas instantáneas a sus oraciones; cada uno está sintiéndose bien, viviendo bien, y todo el mundo está resplandeciente y rozagante. Me encanta escuchar esa clase de prédica porque yo realmente deseo todas esas cosas buenas y saludables para el pueblo de Dios. Pero las cosas no son así para un gran número de cristianos muy honestos y sinceros. No nos han enseñado a tener capacidad de frustración frente a las dificultades.

Por eso nuestros jóvenes se rinden derrotados. No pueden vivir de acuerdo a la imagen, creada por la sola religión, de puras reglas y normas morales, de un cristiano sin problemas, rico, exitoso, siempre sintiendo positivamente. Su mundo no es así de ideal; ellos viven con corazones rotos, crisis cada día, y con problemas familiares. Se encuentran como: “El joven, llamado Eutico, que sentado en el borde de la ventana, y como Pablo no terminaba de hablar, el sueño acabó por vencerle. Se durmió y se cayó desde el tercer piso al suelo. Lo recogieron muerto” (Hechos 20,9).

Pablo habló sobre la capacidad de frustración: “…tribulación que nos sobrevino…fuimos abrumados en gran manera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida” (2 Corintios 1,8).

Me parece estar reviviendo ese momento de frustración en la vida de Jesús: “… A partir de entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y dejaron de seguirle. Jesús preguntó a los Doce: “¿Quieren marcharse también ustedes?” (Juan 6, 66-67).

Por otro lado necesitan sumarse a Pedro para contestarle: “…Señor, ¿a quién iríamos? Solo Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.” (vs. 68-69).

Pensamientos positivos no harán que estos problemas desaparezcan y “confesar” que estos problemas no existen realmente, no cambian nada. ¿Cuál es la cura? Manejar con humildad la capacidad de frustración. Hay dos consejos incondicionales que me han traído gran alivio y ayuda en momentos así.

• Dios me ama. Él es un Padre amoroso que sólo quiere levantarnos de nuestras debilidades.

• Es mi fe de abandono a sus planes lo que lo complace más. El quiere que yo confíe en él, más allá de lo que me susurren mis estados de ánimo.

 

PD: “Cualquier semejanza con tu realidad, es pura Providencia” (dalugas@gmail.com)

 

Para meditar en comunidad o en el silencio de tu corazón:

– ¿Te encontraste alguna vez con estos cristianos en “quiebra? ¿Qué te han dicho? ¿Cuál fue tu respuesta?

– ¿Alguna vez vos mismo te encontraste con estas frustraciones? ¿Cuáles fueron? ¿Intentaste manejarlas con humildad y sabiendo que Dios te ama y que “sólo quiere levantarnos de nuestras debilidades”?

 

 “Señor, sabré manejar mis frustraciones porque se que sólo Tú tienes palabras de vida eterna. Yo se que Tú eres el Santo de Dios”

 Bocado para el Alma - Caritas Buenos Aires

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