Caritas Buenos Aires

Al Punto de la Locura (Meditación – 4º semana)

Son muchas las circunstancias en que me siento como los seguidores de Jesús, enfrentando una tempestad, por seguirlo a El y que no podemos dominar (Lc. 8, 22-25). Es así que me fui a leer los salmos y encontré: “Los que viajan en barco por el mar y hacen negocio sobre las inmensas aguas, han visto las obras del Señor y sus maravillas en lo profundo del océano. Pues El habló, y levantó un viento tempestuoso que encrespó las olas del mar. Subieron a los cielos, descendieron a las profundidades, se sentían desfallecer por el mareo. Temblaban y se tambaleaban como ebrios, y toda su pericia no les servía de nada. “(Salmo 107, 23 – 27).

En este salmo, la expresión “y toda su pericia no les servía de nada”, “desapareció, ” nos habla de marineros que agotaron su ciencia de hombres de mar; que están en la cubierta del barco en un mar agitado por la tormenta, donde las olas gigantes llevan la nave hasta el cielo y luego la dejan caer hasta el fondo; donde los fuertes vientos lanzan el barco hacia adelante y hacia atrás, y ellos se tambalean por la cubierta como borrachos, sin poder mantener el equilibrio.

Las velas del barco están rasgadas y arruinadas. Poderosas olas, una tras otra, se estrellan contra la cubierta. Los marineros tienen que luchar sólo para mantenerse de pie. Parece ser que los marineros han llegado a su final y se encuentran en total desesperación. Están indefensos, vulnerables ante el poder de la naturaleza, no pueden detener la tormenta. Son incapaces de salvarse a sí mismos.

Encuentro en cada detalle, similitud con las circunstancias de mi vida y de la de tantos hermanos creyentes. Enfermedad, crisis económica o familiar, etc. donde se nos agotan los recursos humanos, la ciencia, hasta creer que se pierde el sentido común.

Estos marineros han llegado al estado de ánimo que podríamos denominar como “al punto de la locura.” Esta enfermedad afecta a todos los cristianos en un momento u otro, ya que así les sucedió a los discípulos. Simplemente significa: “Perder o agotar cualquier plan o recurso humano posible que permita la salida de un conflicto.” En resumen, no hay escape humanamente posible, no hay ayuda, no hay liberación, mas que en un imposible que necesite la intervención de Dios mismo.

“En su angustia clamaron al Señor, y él los libro de su tribulación. Cambió la tempestad en suave brisa y se aplacaron las olas del mar. Ante esa calma se alegraron, y Dios los llevó al puerto anhelado.”(Salmo 107, 28-30).

Podemos preguntarnos: ¿Cuándo fue detenida la tormenta de los marineros en el Salmo 107?

Descubrimos en un primer momento que los marineros llegaron al punto de la locura y renunciaron a toda esperanza o ayuda humana. Ellos dijeron: “No hay manera de que podamos salvarnos a nosotros mismos. ¡Nadie en la tierra nos puede sacar de esto! ”

En segundo momento, ¡ellos clamaron al Señor en medio de sus problemas y recurrieron solamente a Él!

La semejanza de estos dos textos con nuestra situación nos invita a que no nos dejemos llevar por la desesperación, pues debemos esperar contra toda esperanza, ya que cuando parece que Jesús no nos escucha, que no está o que está ocupado en el cielo, en realidad Él está dormido a nuestro lado.

Pienso cuántas veces en estos momentos no podemos dormir, no por los problemas en si, sino por esa falta de confianza en Dios, entiendo el reproche de Jesús: “¿Dónde está la fe y la confianza de ustedes?” (v. 25). ¿Será que en vez de pedirle a El que viaje en mi barca, debería pedirle que me deje navegar por la vida subido a la suya?

 

“Cualquier semejanza con tu realidad, es pura Providencia” (dalugas@gmail.com)

Daniel Gassmann

 

Bocado para el Alma

“Señor, tengo mi Fe depositada en Ti. Yo quiero navegar en tu barca”

 

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