Caritas Buenos Aires

Bocados de ánimo: “Palenque Dónde Rascarse" (Meditación – 80º semana)

Hoy me propuse: ¡Debo intentar mantener una vida de oración para poder superar ésta sequedad espiritual! Me pregunté: ¿Por qué no oro como debería de hacerlo? Y declaré: Se que todas mis cargas y la de los que amo pueden ser alivianadas cuando me quede a puertas cerradas con Dios. Hice un profundo silencio, mientras miraba mi Biblia y vertía agua en el mate, y me pareció escuchar:

– ¡Ven! Ven al agua que sacia la sed de tu alma. Ven al Padre que se compadece de sus hijos. Ven al Señor de la vida, el cual promete perdonar cada pecado cometido. Ven a Aquél que rehúsa condenarte o abandonarte o esconderse de ti.

Como escuchando mis pensamientos más íntimos, continuó diciéndome: Puedes tratar de esconderte de Dios debido a una culpa o acusación, pero él nunca se esconde de ti. Ven confiadamente a su estrado que refleja gracia, aún cuando tu hayas pecado y fallado. Él perdona al instante a aquellos que se arrepienten con la tristeza devota que yo desato. No tienes que pasar horas ni días en remordimiento y culpa, ni tienes que ganarte nuevamente su favor. Ven al Padre, dobla tus rodillas, abre tu corazón, y derrama tu amargura, aflicción y dolor. Cuéntele de tu soledad, tu sentimiento de abandono, tus miedos y tus errores.

– Trato de hacer cualquier cosa menos orar. Leo libros, repito fórmulas y cumplo preceptos. Recurro a amigos, ministros, y consejeros. Ando por todos lados buscando una palabra de aliento o de consejo. Persigo intermediarios y me olvido de aquél Mediador que tiene la respuesta para todo. ¡No encuentro palenque donde rascarme! Dije.

– Nada disipa la sequedad y el vacío tan rápidamente como un tiempo de estar encerrados con Dios. Nada puede tomar el lugar de orar al Padre en ese lugar secreto y apartado. Esa es la solución para cada época seca, Hijo.

Soy yo quien debe llevar a cabo su promesa: “Porque yo derramaré agua sobre la sequedad, ríos sobre la tierra seca. Mi espíritu derramaré sobre tu descendencia, y mi bendición sobre tus renuevos” (Isaías 44,3).

– Humildemente afirmé: ¡Este deseo de orar, no fue algo que yo provoqué, sino Tú, Espíritu Santo, quien lo ha suscitado y despertado en mí!

– ¡Estás aprendiendo a discernir mi voz en el interior de tu corazón! Afirmó.

– Gracias amigo, tengo un buen Maestro.

“Cualquier semejanza con tu realidad es pura Providencia.” (dalugas@gmail.com).

Para meditar en Comunidad o en el silencio de tu corazón: 

– ¿Orás a puertas cerradas con Dios? ¿O sin pensarlo salís primero a buscar consejo en otras personas o lugares? ¿Por qué?

– ¿En qué momentos podés empezar a buscar a Dios?

“Espíritu Santo, provoca en mi ese deseo intenso de orar a puertas cerradas con el Padre”

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