Caritas Buenos Aires

Bocados de Ánimo: “Deja secar la ira” (Meditación – 12º semana)

Mariana, una simple niña, se puso muy feliz por haber ganado de regalo un juego de té de color azul.
Al día siguiente, Julia, su amiga, vino bien temprano a invitarla a jugar. Mariana no podía pues, debía salir aquella mañana con su madre.
Julia entonces pidió a Mariana que le prestara su juego de té para que ella pudiera jugar sola en el jardín del edificio en que vivían. Ella no quería prestar su flamante regalo pero ante la insistencia de la amiga decidió prestárselo, enfatizando y recomendando a Julia el cuidado de aquel juguete tan especial.
Al volver del paseo, Mariana se quedó pasmada al ver su juego de té tirado en el suelo con faltante de tazas y la bandeja rota.
Llorando y muy molesta, Mariana se desahogó con su mamá: -“¿ves mamá lo que hizo Julia conmigo? Le presté mi juego y ella lo descuidó todo y lo dejó roto y tirado en el suelo”.
Totalmente descontrolada Mariana quería ir a la casa de Julia a pedir explicaciones, pero su madre cariñosamente le dijo:
-“Hijita, ¿te acuerdas de aquel día cuando saliste con tu vestido blanco nuevo y un coche que pasaba te salpicó de barro tu ropa? Al llegar a casa querías lavar inmediatamente el vestido pero tú abuelita no te dejó.
-¿Recuerdas lo que dijo tu abuela?
Ella dijo: que había que dejar que el barro se secara, porque después sería más fácil quitar la mancha.
Así es hijita, con la ira es lo mismo, deja que la ira se seque primero, después es mucho más fácil resolver todo”.
Mariana no entendía todo muy bien, pero decidió a regañadientes, seguir el consejo de su madre y fue a ver la televisión. Un rato después sonó el timbre de la puerta. Era Julia, con una caja en las manos y sin más preámbulo ella dijo: -“Mariana, ¿recuerdas al niño malcriado de la otra calle, el que a menudo nos molesta? , vino para jugar conmigo y no lo dejé porque creí que no cuidaría tu juego de té, entonces el se enojó y destruyó el regalo que me habías prestado.
Cuando le conté a mi mamá lo sucedido, ella preocupada me llevó a comprar otro igualito, para ti. ¡Espero que no estés enojada conmigo. No fue mi culpa!“
-“¡No hay problema!, dijo Mariana, ¡mi ira ya secó! Y dando un fuerte abrazo a su amiga, la tomó de la mano y la llevó a su cuarto para contarle la historia del vestido nuevo ensuciado de barro, por un auto”.

Piedra libre a:

Nunca reacciones mientras sientas ira. La ira nos ciega e impide que veamos las cosas como ellas realmente son. Así evitarás cometer injusticias y ganarás el respeto de los demás por tu posición medida y correcta delante de una situación difícil.
Recuerda que la ira es un estado en el que la lengua funciona más rápido que la mente.
Si eres paciente en un momento de ira, escaparás a cien días de tristeza.
No prometas nada cuando te sientas eufórico; no respondas una carta cuando te sientas iracundo.”
Acuérdate siempre: ¡Deja secar la ira!

Yapitas bíblicas:

“No reprendas antes de informarte; comienza por examinar y luego haz los reproches. No respondas antes de haber escuchado, ni interrumpas al que habla” (Eclesiástico 11, 7-8).
“La paciencia calma el enojo; las palabras suaves rompen la resistencia” (Proverbios 25, 15).
Otro: (Oseas 11,8-9).
“Cualquier semejanza con tu realidad es pura Diosidencia.” (dalugas@gmail.com).

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