Caritas Buenos Aires

Bocados de Ánimo: “El eco de la vida” (Meditación – 18º semana)

Un Padre, junto a su hijo, caminaba en las montañas.
De repente, el hijo se lastima y grita: “¡Ay!”

Para su sorpresa oye una voz repitiendo en algún lugar de la montaña: “¡Aaaaaayyyyyyy!”

Con curiosidad el pequeño grita: “¿Quién está ahí?”
Recibe como respuesta: “¿Quién está ahí?”

Enojado con la voz, el niño grita: “Cobarde”.
Y recibe de respuesta: “Cobarde”

El niño mira a su padre y le pregunta: “¿Qué sucede?”
El padre sonríe y le dice: “Es el Eco de la Vida.”

“Hijo mío, presta atención”
Entonces el padre grita a la montaña: “Te admiro“.
La voz le responde: “Te admiro”

De nuevo, el hombre grita: “Sos un campeón”
Y la voz le responde: “Sos un campeón”

El niño estaba asombrado, pero no entendía.

Luego, el padre le explica: “La gente lo llama eco, pero en realidad, ¡es la vida! Te devuelve todo lo que dices o haces.
Nuestra vida es simplemente un reflejo de nuestras acciones.

Si deseas más amor en el mundo, siembra amor a tu alrededor.

Si deseas felicidad, da felicidad a los que te rodean.

Si quieres una sonrisa en el alma, da una sonrisa al alma de los que conoces.

Esta relación se aplica a todos los aspectos de la vida.
La vida te dará de regreso, exactamente aquello que tú le has dado.

Tu vida no es una coincidencia, es un reflejo de ti”.

Alguien dijo:

“Si no te gusta lo que recibes de regreso, revisa muy bien lo que estás dando”

 Piedra libre a:

La Ley de Acción y Reacción no es exclusiva de la Física. Es también de las relaciones humanas.

Si actúas haciendo el bien, recibiré el bien. Si actúas con el mal, recibiré el mal.

Recuerda: El Universo es el eco de nuestras acciones y nuestros pensamientos, pero sobre todo de nuestras palabras.

Yapitas bíblicas:

Nunca más diré “no puedo”, porque “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. (Filipenses 4:13)

Nunca más diré pobreza, porque “Mi Dios suplirá todo lo que me falta conforme a sus riquezas en Cristo Jesús”. (Ídem 4,19)

Nunca más diré temor, porque “Dios no me ha dado el espíritu de cobardía, si no de poder, de amor, y de dominio propio”. (2Timoteo 1,7)

Nunca más diré duda y falta de fe, porqué “Dios ha dado a todas sus criaturas la medida de fe”. (Romanos 12,3)

Nunca más confesaré debilidad, porque “Dios es la fortaleza de mi vida”. (Salmo 27,1), Nunca más diré que Satanás gobierna mi vida, “porqué mayor es el que está en ustedes, que el que está en el mundo”. (1Juan 4,4)

Nunca más pronunciaré derrota, porque “Dios siempre me lleva al triunfo en Cristo Jesús”. (2Corintios 2,14)

Nunca más confesaré falta de entendimiento, porque “Dios ha hecho también que Cristo sea nuestra sabiduría”. (1 Corintios 1,30)

Nunca más diré enfermedad, porque “por su llaga fui curado” (Isaías 53, 5).

Nunca más confesaré inquietud, porque estoy “echando toda mi ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de mí” (1 Pedro 5,7).

Nunca más pronunciaré esclavitud, “porque donde está el espíritu del Señor allí hay libertad” (2 Corintios 3,17).

Nunca más diré condenación, porque “no existe la condenación para aquellos que creen en Cristo” (Romanos 8,1).

“Cualquier semejanza con tu realidad es pura Diosidencia.” (dalugas@gmail.com).

caritasbsas

-->