Caritas Buenos Aires

Bocados de Ánimo: “El alpinista” (Meditación – 19º semana)

Un alpinista, desesperado por conquistar la cima de una montaña, inició su travesía después de años de preparación pero quería la gloria únicamente para él, por lo tanto subió solo.
La noche cayó con gran pesadez en la montaña, ya no se podía ver absolutamente nada. Todo era negro, cero visibilidades, la luna y las estrellas estaban cubiertas por las nubes.
Al subir por un acantilado, a solo unos pocos metros de la cima, resbaló y se desplomó por el aire, cayendo a una velocidad vertiginosa.
El alpinista, en la caída libre sintió la terrible sensación de ser succionado por la gravedad.
Seguía cayendo… y en esos momentos angustiantes, le pasaron por su mente todos los  episodios gratos y no tan gratos de su vida. Pensaba en la cercanía de la muerte, pero de repente, sintió el fortísimo tirón de la larga soga de seguridad que lo amarraba de la cintura a la roca de la montaña.
En ese momento de quietud, suspendido en el aire, el miedo le invadió y no le quedó más que gritar:
– ¡Ayúdame Dios mió!
De pronto, una voz grave y profunda de los cielos le contestó:
– ¿Qué quieres que haga?
– ¡Sálvame Dios mío!
– Realmente ¿Crees que yo te pueda salvar?
– ¡Por supuesto Señor!
– Entonces corta la cuerda que te sostiene…
Hubo un momento de silencio… pero el hombre con temor, se aferró más a la cuerda.
Al otro día cuenta el equipo de rescate, que encontraron a un alpinista colgando, muerto y congelado, con sus manos fuertemente agarradas a la cuerda… A tan solo un metro del suelo.

Piedra libre a:

Y tu, ¿Qué tan aferrado estas a tu cuerda? ¿Te soltarías?
No dudes de Dios. No digas que El te ha olvidado o abandonado.
No pienses que El no se ocupa de ti.
El dolor es bienhechor, porque me enseña mis limitaciones […], me obliga a volverme a Dios.
Siempre recuerda que El te sostiene de su mano.

Yapitas bíblicas:

“Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti caminando sobre el agua.” Jesús le dijo: “Ven.” Pedro bajó de la barca y empezó a caminar sobre las aguas en dirección a Jesús.  Pero el viento seguía muy fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó: “¡Señor, sálvame!” Al instante Jesús extendió la mano y lo agarró, diciendo: “Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?”  (Mateo 14,28-31).
Otros: (Eclesiástico 34,12-17). (Judit 8,11-17). (Isaías 41,13)
“Cualquier semejanza con tu realidad es pura Diosidencia.” (dalugas@gmail.com).

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