Caritas Buenos Aires

“Compartir en navidad multiplica la esperanza”

Recibamos a Jesús renovando nuestra solidaridad

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Preparamos juntos la Navidad, que para el cristiano es la fiesta del corazón. Lo hacemos al comenzar este Año de la Misericordia y ponemos nuestra vida junto al Pesebre para que la carne del Hijo de Dios –acompañada por el amor profundo de María y de José- se haga presente para iluminar nuestras vidas.

El Papa Francisco nos pide en este año aprender a contemplar la Misericordia de Dios, es decir tener una mirada amorosa hacia el rostro de Jesús, que expresa la Misericordia del Padre. Ese rostro lo contemplamos en cada hermano nuestro que experimenta la soledad, la exclusión, el desamparo y el abandono en nuestra sociedad, que muchas veces no es hogar ni casa acogedora para atender los gritos y los clamores de tantos hermanos que pueden haber nacido en la misma pobreza de Belén pero que se vieron privados de reconocimiento, de afecto, de contención familiar y de contención social. Todos ellos, que están representados en los humildes pastores que son los primeros en adorar a Dios hecho carne, deben ser el motivo que nos impulse a compartir nuestro tiempo y nuestra vida en la práctica de las obras de Misericordia que nos hacen descubrir el sentido de nuestra propia vida.

Si decimos que el verdadero poder es el servicio, el servicio concreto a los hermanos más necesitados da un luminoso sentido a nuestra vida.

Hemos dicho durante este año que todo lo que se comparte se multiplica. Todo el servicio a nuestros hermanos más pobres se multiplica para nosotros en bienes que no se compran ni se venden sino que constituyen el tesoro más grande del cristiano. Nos enseña Francisco:

“El amor, después de todo, nunca podrá ser un palabra abstracta. Por su misma naturaleza es vida concreta: intenciones, actitudes, comportamientos que se verifican en el vivir cotidiano. La misericordia de Dios es su responsabilidad por nosotros. Él se siente responsable, es decir, desea nuestro bien y quiere vernos felices, colmados de alegría y serenos. Es sobre esta misma amplitud de onda que se debe orientar el amor misericordioso de los cristianos. Como ama el Padre, así aman los hijos. Como Él es misericordioso, así estamos nosotros llamados a ser misericordiosos los unos con los otros”.

La Navidad nos invita a vivir esta responsabilidad para con nuestros hermanos, es decir a ampliar nuestra conciencia del cuidado de unos por otros y de unos a otros, que se expresa en el última acción de la parábola del Buen Samaritano: “lo llevó a un albergue y se encargó de cuidarlo” La responsabilidad es la otra cara de la libertad; quiere decir ser capaz de responderle a la vida y nuestra propia historia para estar a la altura de todo lo que el Padre me regaló con su Misericordia.

La Navidad también es la fiesta familiar por excelencia y en este espacio tan íntimo y cercano que es la familia -Iglesia doméstica en la que vivimos la belleza del Evangelio- también todo lo que se comparte se multiplica. Todo lo que se entrega vuelve a nosotros multiplicado en nuevos dones que nos impulsan a vivir día a día la incansable fidelidad del Amor de Dios.

Deseando a todos los miembros que trabajan en las distintas Cáritas que tengan una Feliz Navidad junto con sus comunidades y junto a todos los hermanos a quienes servimos y que en la Noche más luminosa del año nadie quede solo sino abrigado y abrazado por la caridad de Jesús, los bendigo con toda la ternura de esta Fiesta.

Mons. Oscar Ojea

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