Caritas Buenos Aires

Bocados de ánimo: “Balanza” (Meditación – 3º semana)

Una mujer pobremente vestida, con un rostro que reflejaba tristeza, entró en un negocio, se acercó al dueño y de manera humilde preguntó si podía fiarle algunos alimentos; con voz suave explicó que su esposo estaba muy enfermo y que no podía trabajar, tenían siete niños y necesitaban comida.
El almacenero no aceptó de ninguna manera.

Sabiendo la necesidad que estaba pasando su familia la mujer rogó:
“Por favor señor, se lo pagaré tan pronto como pueda”
El almacenero le dijo que no podía darle fiado ni a crédito, ya que no tenía una cuenta en su negocio, y le pidió que se retirara.
De pie, cerca del mostrador, se encontraba un cliente que escuchaba la conversación entre el dueño del almacén y la mujer.
El cliente se acercó y le dijo al almacenero, que el se haría cargo de lo que la mujer necesitara para su familia;
Entonces el almacenero, fastidiado, preguntó a la mujer:
“¿Tiene usted una lista de compras?”.
La mujer dijo: “Si señor”;
“Esta bien,” dijo él, “Ponga su lista en la balanza y lo que pese su lista le daré en mercadería”.
La mujer dudó por un momento y cabizbaja buscó en su cartera un pedazo de papel, escribió algo en él y lo puso en uno de los platos de la balanza.
Los ojos del almacenero y del cliente se llenaron de asombro, cuando el plato de la balanza donde estaba el papel, se hundió hasta el fondo y se quedo así.
El almacenero, sin dejar de mirar la balanza dijo:
“No lo puedo creer”…
El cliente sonrió y el almacenero comenzó a poner comestibles en el otro plato de la balanza.
La balanza no se movía, por lo que continuó poniendo más y más productos, hasta que se llenó.
El almacenero se quedó pasmado de asombro.
Finalmente, tomó el pedazo de papel y lo miró todavía más asombrado…
¡No era una lista de compra!
Era una oración que decía:
“Querido Dios, tú conoces mis necesidades y yo voy a dejar esto en tus manos”
El almacenero le entregó los alimentos que había pesado y se quedó allí en silencio.
La mujer agradeció y abandonó la tienda; el cliente entregó un billete de $100 al dueño y le dijo:
“Valió cada centavo de este billete; ahora sabemos cuanto pesa una oración”.

Piedra libre a:

No te pases el día diciéndole a Dios cuan grande son tus problemas, muéstrales a tus problemas cuan grande es tu Dios.
Para un hijo de Dios, la oración es como llamar a casa todos los días.
Cuando te enredes en un problemas, quédate quieto en oración confiada, así Dios puede deshacer el nudo.

Yapitas bíblicas:

“Yo les digo: todo lo que pidan en la oración, crean que ya lo han recibido y lo obtendrán” (Marcos 11,24).
Otros: (Santiago 5,15) (1Pedro 5,6-7) (Romanos 6,18) (1Juan 5,13-15). (Eclo. 35,11-18).

“Cualquier semejanza con tu realidad es pura Diosidencia.” (dalugas@gmail.com).

CáritasBA

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