Caritas Buenos Aires

Bocado de Pascua: "Del Otro Lado de la Piedra"

En esta Pascua me detuve frente al siguiente relato evangélico: “José de Arimatea tomó el cuerpo de Jesús… y lo puso en un sepulcro nuevo de su propiedad que había hecho cavar en la roca. Luego hizo rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, y se fue.” (Mateo 27,59–60).

piedra-sepulcro

Ésta es la situación: Jesús había sido crucificado y ahora se encontraba en un sepulcro. Al haber una piedra de gran tamaño cubriendo la entrada a la tumba, la gente tenía la sensación de que todo había concluido. El relato continúa diciendo que un grupo de mujeres, incluyendo a María Magdalena, se encontraban sentadas frente al sepulcro. Aquellas mujeres debieron haber estado con el corazón roto. Casi puedo escuchar sus voces llenas de desesperanza: “¿Qué sucederá ahora que Jesús ha partido? ¿Cómo podemos seguir adelante?” Esto me recuerda los lamentos, en vida de Jesús, de Marta y María, hermanas de Lázaro muerto (Jn. 11, 17-37) o los comentarios de los decepcionados discípulos de Emaús (Lc. 24, 13-24).

Hoy nosotros conocemos el final de la historia de Salvación. Sabemos que cuando Jesús dijo en la cruz, “Consumado es” (Jn. 19, 30), Él había conquistado el perdón para nuestro pecado. Creemos que con su resurrección, Él venció definitivamente a la muerte. Y reconocemos que Él hizo todo esto por Amor a nosotros ocupando nuestro lugar.

Pero, ¿qué sucedería si nosotros no conociéramos el final de la historia como era el caso de aquellas mujeres en el sepulcro? ¿Qué estaban pensando los once discípulos mientras se escondían temerosos, encerrados con pasador y llave (ver Juan 20,19)?

Creo que no podemos comprender el significado personal que tuvo la muerte de Jesús para sus apasionados seguidores, si no nos ponemos en su lugar. Ellos habían creído que su Maestro era la esperanza para este mundo, la salvación de Israel, la luz para los paganos. Él era el gran sanador, sus ojos lo vieron resucitando muertos, liberando a los endemoniados y sus oídos lo escucharon predicando las buenas nuevas a los pobres excluidos. Era la encarnación misma del nuevo reino que El había predicado. Es muy probable que mientras recordaban sus palabras en la cruz, “Consumado es,” ellos han de haber pensado que Jesús quiso decir, “concluido. Este es el final de la historia.”

Frecuentemente me sucede que mientras me esfuerzo por perseverar en las batallas de la vida, este es el mensaje que me inunda: “Este es el final”, “Hasta aquí llegué”. Escuchando a otros descubro que suele sucedernos que no vemos ninguna esperanza más allá de nuestra difícil situación. Todo lo que podemos ver es una piedra permanente que nos separa de la esperanza. Estamos viendo estas cosas del lado visible de la piedra, es decir del lado de afuera. ¡Si tan sólo creyéramos en lo que Dios está haciendo por nosotros del lado de adentro! Aquí sirve recordar como reza confiadamente Jesús al Padre ante la tumba de Lázaro (Jn. 11, 41-44).

Tal vez la vida te ha puesto una situación difícil e imposible. Mientras lees esto te preguntas, “¿Está Dios obrando en mi circunstancia? ¿Es Jesús verdaderamente vencedor en mí imposible? ¿Puede Él salvar de su problema a quien amo? ¡Yo simplemente no veo una salida!”

Hoy me siento impulsado a decirte que Dios está obrando secreta y silenciosamente en tu vida en este preciso momento. La piedra será movida por Dios mismo, a diferencia de la de Lázaro. La luz está penetrando en la oscuridad de tu noche y en la puerta tu esperanza está amaneciendo: ¡Jesús! Él ha triunfado sobre todas las potestades de las tinieblas y su victoria en ti será sólo por tu fe en Él, pues: “La fe es la plena certeza de realidades que no se ven” (Hb. 11, 1).

Me permito insistir en “que no se ven” y podría agregar “que no se sienten” pues se que como a mí, a ti te sucede estar pendiente de lo que tus sentidos o estados de ánimo te muestran de este lado de la piedra, mientras la intuición de la fe te susurra: Dios está obrando del otro lado de lo que aparenta. Después correrá la piedra y te darás cuenta que no era más que un efímero velo, que si perdura es que debes “Creer para Ver” (Jn. 20, 29).

“Cualquier semejanza con tu realidad es pura Providencia”

Daniel Gassmann

 Para meditar en comunidad o en la intimidad del corazón:

1) ¿Tuviste recientemente una situación o problema que parecía no tener salida?

2) ¿Intentaste acudir a Dios, junto a algún hermano para que remueva la piedra en tu vida o en la comunidad y así poder ver la luz?

Señor, danos la fuerza para vivir nuestra vida en el amor y para aceptar las piedras del camino que nos hacen depender de vos y necesitar de nuestros hermanos.

bocados_importer

-->