Caritas Buenos Aires

Diálogos para el Alma: “Una enfermedad sin nombre ” (Meditación – 6º semana)

Hoy me sorprendí al tomar un salmo y notar que el salmista le habla directamente a su alma, como si fuera una realidad con vida propia: “¿Por qué te deprimes, alma mía? ¿Y por qué te inquietas dentro de mí? . . . ¡Oh mi Dios, mi alma está abatida dentro de mí! “(Salmo 42,6-7).

No están seguros los estudiosos sobre quién fue el escritor de este salmo, aunque se cree que David ha sido el autor de la mayor parte de ellos. Lo que sabemos con certeza es que algo le estaba molestando. Su alma está profundamente triste y ¡él no puede explicarse ¿por qué?! (v.10).

Este salmista está en un desierto existencial. El “brama” por el Señor como un ciervo brama por agua (v. 2) -sediento de Él, anhelando la intimidad de su presencia. Él pregunta, “¿cuándo contemplare el rostro de Dios?” (v. 3).

No sabremos cuál es la enfermedad del salmista, que hasta síntomas físicos le causa (v. 11), si antes no miramos dentro nuestro. ¿Alguna vez haz experimentado este tipo de melancolía inexplicable, este inesperado malestar espiritual sin nombre? Esta muy bien caminar esforzándote por mantenerte fiel. Pero un día te despiertas con esta alteración profunda en tu alma. Algún tipo de depresión se ha apoderado de ti y no puedes conocer la causa o poner tu dedo en la llaga.

Creo que el salmista tiene buenas noticias para nosotros: ¡Esta es una enfermedad de los creyentes! La padecen sólo los que tienen hambre de Jesús. No hemos de tener miedo de tal enfermedad porque el Espíritu Santo tiene que ver en ella.

La tradición espiritual tiene la suficiente experiencia de vida como para saber que llega un momento en que esto le sucede a todo cristiano, que quiere vivir su fe. Pero no debemos tratar de entender ¡porque no podemos! El salmista nunca consigue respuesta a su “¿por qué?”. Solo puede reconocer esta situación, para luego aceptarla.

No hay taller, libro, consejero o psicólogo en la tierra que le pueda decir ¿por qué una enfermedad sin nombre ha llegado a tu vida?

Creo que esta enfermedad rara es “el gemido del Espíritu Santo” dentro de nosotros. Él esta dejándonos saber qué se siente al estar sin Dios, por nuestra propia cuenta, sin consuelo, sin esperanza ni orientación ¡El nos permite experimentar sólo una muestra de esa horrible y terrible condición!

Nuestros cuerpos son su templo y sienten su ausencia (v. 11) y El ha sido enviado para calmar esa insatisfacción profunda. Él sabe que necesitamos pasar por esa experiencia, pues Él conoce lo importante que es para nosotros clamar diariamente a Dios por auxilio.

Simplemente no podemos estar firmes en este momento a menos que permanezcamos en intimidad con el Señor, confiando en Él plenamente, y corriendo constantemente a su presencia por fe y no por ganas.

Más allá de los “¿porque?” (v.12) sin respuesta, dile a tu alma: “Espera en Dios y volveremos a darle gracias a El que es mi Salvador.”

“Cualquier semejanza con tu realidad, es pura Providencia”

Daniel Gassmann

 Una enfermedad sin nombre

Para meditar en comunidad o en la intimidad del corazón:

– ¿Alguna vez sentiste un tristeza que no pudiste explicar?¿Qué acciones tomaste?

– ¿Intentaste compartir con tu comunidad esta carga?¿La entregaste en la oración?

Consolador del alma, danos la fuerza para vivir el amor más allá de nuestros sentimientos. Gloria al Padre…

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