Caritas Buenos Aires

Diálogos para el Alma: “Dios de los Ejercitos“ (Meditación – 25º semana)

En estos días sigo buscando en mi vida la incidencia que debería tener algunas formas o nombres en las que Dios se da a conocer en la Biblia. Las personas del Antiguo Testamento conocieron a Dios de una manera que los del Nuevo Testamento conocieron muy poco y nosotros menos aún. ¡Ellos lo conocieron como el Dios de los ejércitos! Leí… que más de 200 veces en el Antiguo Testamento – desde Samuel hasta Malaquías – se refieren a Dios de esta manera. Al leer que… “Y David iba adelantando y creciendo, y el Dios de los ejércitos estaba con él.” Lleno de confianza en que me respondería, como otras veces, le pedí a David que me contara:

– ¿Por qué Dios se te revelaba de esta manera?

– En mis tiempos era común tener que combatir para evitar la ocupación de otro imperio que impondría en nosotros no solo la esclavitud sino someternos a su religión.

Encontramos repetidamente este majestuoso título en los Salmos:

• ¡El Dios de los ejércitos está con nosotros! ¡Nuestro refugio es el Dios de Jacob! (46,7).

• Señor, Dios de los ejércitos, ¿quién como tú? Poderoso eres, Dios, y tu fidelidad te rodea” (89,8).

• Señor, Dios de los ejércitos, oye mi oración” (84,8).

• ¡Es Dios de los ejércitos! ¡Él es el Rey de gloria! (24,10).

– ¿Qué significado tenía vivir a Dios peleando con ustedes?

– La palabra Hebrea para “ejércitos” significa “una armada lista y posicionada para la batalla.” Soldados, caballos, y carros listos para ir a combatir en un momento dado; un ejército agrupado y formado, esperando instrucciones.

– Imagino que era fundamental esta certeza de saber que Dios peleaba toda batalla.

– En una ocasión, el ejército Asirio vino contra el Rey Ezequías y Judea. Este rey no se inmutó cuando se vio rodeado por un ejército feroz y le dijo al pueblo de Dios, “Esfuércense y anímense; no teman ni tengan miedo del rey de Asiria, ni de toda la multitud que con él viene; porque más hay con nosotros que con él. Con él está el brazo de carne y músculos, pero con nosotros está el Señor, nuestro Dios, para ayudarnos y pelear nuestras batallas. Y el pueblo tuvo confianza…” (2 Crónicas 32,7-8).

– Esta certeza ¿hacía referencia a un ejército visible o espiritual?

– Los creyentes del Antiguo Testamento descansábamos en la visión que teníamos de un Dios grandioso cuyo ejército todopoderoso, invisible, estaba agrupado y listo para protegernos. Yo David, con certeza de fe dije, “Los carros de Dios son veinte mil, y más millares de ángeles. El Señor entre ellos…” (Salmo 68,17). De acuerdo con el salmista, ellos están listos para nosotros: “Dios es tu guardador” (121,5).

– Hoy vivimos batallas contra adversarios ocultos a la simple percepción: ¿Cómo confiar?

– No nos protegemos de los malvados por medio de nuestro propio poder; no batallamos contra Satanás por nuestra propia fuerza. El Señor de los ejércitos debe de guardarnos. Escucha lo que dice la Biblia: “Envió desde lo alto y me tomó, me sacó de las aguas caudalosas. Me libró de mi poderoso enemigo… pues eran más fuertes que yo” (Salmo 18,16-17).

Es por esto hijo que ante todo debes estar alerta, pero más aún confiar en Dios, ya que se te pide fe y confianza en “Aquel que es poderoso para guardarlos sin caída y presentarlos sin mancha delante de su gloria con gran alegría” (Judas 24).

– Gracias David.

 “Cualquier semejanza con tu realidad es pura Providencia” (dalugas@gmail.com).

cruz al cielo

 Para meditar en comunidad o en la intimidad de tu corazón: 

-¿Qué batallas tuviste recientemente en tu corazón? ¿Has invocado al Señor como tu aliado? ¿Qué resultado obtuviste?

-¿Cuáles crees que podrían ser los adversarios “ocultos” de nuestra comunidad hoy en día?

“Maestro, confío que serás mi aliado por toda la eternidad. Dame fuerza para recorrer el camino.”

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