Caritas Buenos Aires

Diálogos para el Alma: “Estás con Jesús" (Meditación – 28º semana)

Hoy me sorprendí al leer en Hechos 3. Encontramos a Pedro y a Juan yendo al templo a rezar y adorar. Afuera, en la puerta del templo, se encontraba sentado un mendigo discapacitado de nacimiento. Este hombre nunca había caminado ni un paso en su vida. De pronto imaginé que yo era un periodista que de primera mano, cuenta lo que sucede a continuación y tuve ganas de entrevistar al paralítico:

– ¿Qué fue lo que sucedió?

– Cuando de pronto vi que venían dos personas, como era mi costumbre ante todo peregrino devoto que viene acompañado, aproveché y les pedí una simple limosna a ambos. Pedro, descolocándome, me respondió, “No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy” (v6). Ambos estaban sin un peso encima.

– ¡Menos mal!

– Eso dije después. Pero teniendo en su corazón, algo que no tenía precio, oró por este mendigo, diciendo, “En el nombre de Jesucristo de Nazareth, levántate y camina” (v6). ¡En ese mismo instante, fui sanado! Lleno de felicidad incontrolable, comencé a correr en el templo, contento como perro con dos colas, saltando y dando gritos, “¡Jesús me sanó!”

– ¿Qué sucedió después?

– Todos en el templo se maravillaron al verme saltando, porque reconocieron en mí al hombre que había sido paralítico. Pedro y Juan vieron que el pueblo concurría a ellos y aprovechando la ocasión providencial, provocada por el signo que Dios tenía previsto realizar, a través mío, comenzaron a predicar a Cristo. Muchos se convirtieron ese día.

– ¿Todos reaccionaron igual?

– No, pues mientras Pedro y Juan predicaban, los jefes de la sinagoga “vinieron sobre ellos enojados y resentidos” (4,1-2). Yo reconocí a esas personas religiosas, importantes y poderosas, ya que me hicieron creer que algo habré hecho para estar enfermo.

– ¿Qué hicieron?

– Les preguntaron a los discípulos, “¿Con qué autoridad o en nombre de quién han hecho ustedes esto?” (4,7). Pedro, hombre seguro en el Espíritu Santo, les respondió a los que ostentaban poder y autoridad, “Su nombre es Jesucristo de Nazareth, al que ustedes crucificaron hace tres semanas. Dios lo levantó de los muertos. Y ahora Él es el que sanó a este hombre. Nadie puede ser salvado por otro nombre. Ustedes estarán perdidos si no invocan el nombre de Cristo” (4,10-12).

– ¿Cómo reaccionaron ante esta respuesta de Pedro?

– Los jefes se quedaron boquiabiertos, pues eran tipos como yo, sin instrucción y “Se admiraban [de ellos]; y les reconocían que habían estado con Jesús” (4,13).

– ¿Reconocían que habían estado con Jesús?

– La frase “les reconocían” viene de una palabra raíz para nosotros, que significa “conocido por una señal distintiva.”

– ¿Cuál era esta señal que distinguía a Pedro y a Juan?

– Era la presencia de Jesús en sus corazones. Ellos tenían la semejanza en la mirada y el espíritu de Cristo mismo.

– ¿En qué se les notaba?

– Aquellos que pasan tiempo con Jesús, no pueden cansarse de Él. Sus corazones continuamente claman para conocer mejor al Amo, para acercarse más a Él, para crecer en el conocimiento de sus caminos. Es lo que Pablo declara, “A cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo” (Efesios 4,7; también Romanos 12,3).

– ¿Llegaste a conocer a Pablo? ¿Cuál es ésta medida de la que habla Pablo?

– ¡Sí!, lo conocí un tiempo después. Para él significa una cantidad limitada. En otras palabras, todos hemos recibido cierta cantidad del conocimiento salvador de Cristo.

– Ya pasando a tu vida, luego de aquel milagro que te hizo caminar. ¿Cómo fue?

– Cuando comencé a caminar, lo más importante fue hacerlo en la fe y fui descubriendo que muchos creyentes, se conforman con recibir ésta medida inicial. Quieren tener sólo lo suficiente de Jesús para escapar de la culpa, del juicio, para sentirse perdonados, para mantener una buena reputación.

– ¿Para soportar una hora de iglesia todos los domingos?

– ¡También! Tales personas están en un “estado de mantenimiento”, y le dan a Jesús sólo lo mínimo. Viven en piloto automático.

– Los creyentes se parecen a lo largo de los siglos.

– Pablo deseaba lo siguiente para cada creyente: “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos… hasta que todos lleguemos… al conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Así ya no seremos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por astucia de hombres que… emplean con picardía las artimañas del error; sino que, siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo” (Efesios 4,11-15).

– ¿Es alguna forma de parálisis espiritual o me equivoco?

– ¡No te equivocas! Y mira que si de algo conozco es de parálisis. Pablo estaba diciendo, “Dios ha dado estos dones espirituales para que ustedes sean colmados con el Espíritu de Cristo. Esto es crucial, porque engañadores vendrán para robarles su débil e infantil fe.

Si ustedes están arraigados en Cristo, (aquello de la vid y los sarmientos) y madurando en Él, ninguna doctrina engañadora los hará extraviar. Pero la única manera de crecer en tal madurez, es querer no solo más a Jesús, sino más de Jesús.”

 PD: “Cualquier semejanza con tu realidad, es pura Providencia” (dalugas@gmail.com).

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Para meditar en comunidad o en la intimidad de tu corazón:

– ¿Cúales son los rasgos que te distinguen como “cristiano” a simple vista de los demás?

– Como comunidad, ¿qué acciones nos faltan para dejar de cumplir “minimamente” con Jesús y empezar a vivir en Él por completo?

“Señor, ayúdanos a levantarnos de nuestrar parálisis y empezar a vivir en tu fe”.

 

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