Caritas Buenos Aires

Bocados de ánimo: “Camino de Entrega" (Meditación – 62º semana)

Meditando sobre el significado profundo de la entrega o rendición a Dios, fue así que al repasar la vida de San Pablo a través de los Hechos y sus Cartas, necesité preguntarle que significó para él entregarse o rendirse a Dios. Pasado un largo silencio, finalmente me respondió:

– Dios comienza el proceso de rendimiento a Él derribándonos de nuestro pedestal. Esto me sucedió a mi, Pablo. Yo estaba en camino hacia Damasco, seguro de mi mismo, cuando una luz cegadora vino del cielo. Fui derribado al suelo, temblando. Luego una voz habló desde el cielo diciéndome, “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” (Hechos 9,4).

Yo sabía que algo le faltaba a mi vida. Tenía yo conocimiento de Dios, pero no tenía un encuentro personal directo con Él. Ahí de rodillas, escuché estas palabras del cielo: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues” (9,5). Estas palabras dieron vuelta mi mundo, el mundo de Pablo de arriba a abajo. De hecho Las Escrituras dicen de mí, “Él [Pablo] temblando y temeroso, dijo: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?” (9,6). La conversión de mi vida fue una obra increíble del Espíritu Santo.

Yo estaba siendo guiado por el Espíritu Santo hacia una vida entregada, rendida a Dios. Por eso pregunté, “Señor, ¿qué quieres que haga?”, pues mi corazón clamaba, “Jesús, ¿cómo puedo servirte? ¿Cómo puedo conocerte y complacerte? Nada me importa más. Todo lo que he hecho por merito propio hasta ahora es basura. Ahora tú eres todo para mí.”

– ¿Cuál era tu deseo íntimo en ese momento de tu vida?, pregunté:

– No tenía ninguna otra ambición, ninguna otra fuerza dominante en mi vida sino ésta: “Ganar a Cristo” (Filipenses 3,8).

– ¿Qué significa para un cristiano de hoy día, como yo?, interrumpí:

– De acuerdo a las normas de éxito de hoy día, fui un fracaso total. No construí ningún edificio. No tuve una empresa. Y los métodos que usé fueron rechazados por otros líderes. De hecho, el mensaje que prediqué, ofendió a un gran número de las personas que lo escucharon. Varias veces, hasta me apedrearon por predicarlo.

– ¿Cuál era el tema central de tu predicación? Volví a preguntar:

– ¡La cruz!

– ¿Cómo aplicabas el tema de la Cruz en tú vida y sabiendo que eras guía para otros?

– Consiente de que cuando estemos delante de Dios en el juicio, no seremos juzgados por nuestros ministerios, logros o el número de convertidos. Sólo habrá una medida de éxito en aquél día: ¿Estaban nuestros corazones completamente rendidos, es decir entregados a Dios? ¿Pusimos a un lado nuestra propia voluntad y planes, y aceptamos los de Dios? ¿Sucumbimos a la presión de otros para formar parte de la multitud o lo buscamos sólo a él para que nos diera dirección? ¿Corrimos de talleres o seminario en seminario buscando propósito para nuestras vidas o encontramos nuestra realización en Él por medio de una relación personal?

– Impulsado por una fuerza interior, respondí: “Yo sólo tengo una ambición y ésta es aprender más y más para decir sólo aquellas cosas que el Padre me dé. Nada de lo que yo diga o haga de mí mismo vale algo. Quiero poder proclamar, “Yo sé que mi Padre está en mí porque hago su voluntad.”

PD: “Cualquier semejanza con tu realidad, es pura Providencia” (dalugas@gmail.com).

Para meditar en Comunidad o en el silencio de tu corazón:

– ¿Ya dejaste que Jesús te derribara de tu propio pedestal? ¿Cuál crees que es ese pedestal?

– Te invitamos a que respondas vos también las preguntas de la meditación: ¿Estan nuestros corazones completamente entregados a Dios? ¿Pusimos a un lado nuestra propia voluntad y planes, y aceptamos los de Dios? ¿Sucumbimos a la presión de otros para formar parte de la multitud o lo buscamos sólo a él para que nos diera dirección? ¿Corrimos de talleres o seminario en seminario buscando propósito para nuestras vidas o encontramos nuestra realización en Él por medio de una relación personal?

«Padre, te entrego mi corazón para que hagas en mi tu voluntad»

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