Caritas Buenos Aires

Bocados de ánimo: “Una verdad por un alfajor" (Meditación – 75º semana)

Viajando en subte, un niño que ofrecía estampitas a cambio de una moneda, me entregó una que decía “Solo me conoces de oídas”, intrigado por el mensaje, decidí aceptarla y le di a cambio, un alfajor que reservaba para merendar, ya que suponía que terminaría en su panza y sería mejor que una moneda que uno no sabe en manos de quién terminará. Guardé la estampa y me olvidé de ella. A la mañana siguiente, por pura costumbre revisé mis bolsillos y encontré la estampa con la frase “Solo me conoces de oídas”. La miré más detenidamente y vi que tenía una cita bíblica de Job 42, 5. Busqué en mi Biblia a Job que dirigiéndose a Dios literalmente decía: “Antes te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos”. La frase escrita en la estampa de Jesús Misericordioso decía en cambio: “Sólo me conoces de oídas”. Confundido hice una pregunta que me sonó chocante, pero la dije con toda sinceridad: ¿Yo realmente no conozco a Dios? Y enseguida aclaré, como si alguien escuchara: Quiero decir que ¿No lo conozco de la manera que él quiere que lo conozca? ¿Cómo sé esto?

El Espíritu Santo vino en auxilio de mi necesidad y me susurró amorosamente:

-“Hijo, tú realmente no conoces a Dios en la manera que él quiere que lo conozcas. Tú realmente no le permites a él ser Dios para ti.”

Permíteme – agregó – En el Antiguo Testamento, Dios tomó un pueblo para El – personas que no eran más ricas ni más inteligentes que otras – sólo para ser su Dios, diciéndoles: “Haré de ustedes mi pueblo y seré su Dios” (Ex. 6,7). Dios estaba diciendo, en otras palabras, “¡Voy a enseñarles a ser mi pueblo – para poder ser Dios para ustedes!

– ¿Es verdad? Pregunté.

– Verdaderamente, Dios se reveló y manifestó a su pueblo una y otra vez. El envió ángeles. Les habló audiblemente. Cumplió cada promesa librándolos milagrosamente. Pero después de cuarenta años de milagros y señales asombrosas, la opinión de Dios sobre su pueblo fue: “¡No me conocen – no conocen mis caminos!”

– ¡Yo ya pasé los cuarenta! Pensé en vos alta.

– “Cuarenta años me disgustó esa gente y yo dije: “Son un pueblo que siempre se queja, que no han conocido mis caminos” (Slm. 95,10). Es como si Dios dijese: “¡En todo esto, ustedes nunca realmente dejaron que yo fuese su Dios! ¡En los cuarenta años que quise enseñarles, ustedes todavía no me conocen – todavía no saben cómo trabajo!”

¡Dios está todavía buscando a personas que le dejen ser Dios para ellos – al punto que ellos verdaderamente lo conozcan y aprendan sus caminos!

– ¿Qué tiene que ver esto conmigo? Pregunté.

– Las Escrituras dicen de Israel “Continuamente tentaban a Dios, y provocaban al Santo de Israel” (Slm. 78,41). Israel se apartó de Dios en su incredulidad. De igual manera, creo que limitas a Dios hoy día con tus dudas e incredulidad.

Confías en Dios en la mayoría de las áreas de tu vida – pero tu fe siempre tiene límites y fronteras. Tienes por lo menos una pequeña área que marco como nula, donde no crees que Dios realmente hará algo por vos.

– ¡Eso es verdad!, dije y agregué: Puede que yo limite a Dios mayormente en el área del perdón. Es verdad que le he asegurado a muchos que Dios los perdona y hasta he orado por la sanidad física de muchos, causada por la falta de perdón y he visto a Dios hacer milagro tras milagro, rescatando de la depresión. Pero cuando se trata de quienes me hirieron o del perdón para mi, ¡yo limito a Dios! Vendo consejos para los demás, pero para mí no tengo.

-Tienes temor de dejar que Él sea Dios para ti. ¡Te llenas de resentimientos, culpas o corres a un consejero o la terapia aun antes de orar y creer en el perdón! No estoy diciendo que está mal ver al médico. Pero algunas veces se te puede describir como aquél que “en su enfermedad no buscó primero a Dios, sino a los médicos” (2Crón. 16,12).

Luego de un momento de silencio que me pareció eterno, el Espíritu Santo aprovechó mi sincericidio y me preguntó:

– ¿Oras para que Dios impida una guerra o ante un terremoto – pero cuando se trata de la salvación de tu propia familia, o allegados no tienes ni una pizca de fe? Piensas, “Dios no debe querer hacer esto. Mi ser querido es un caso tan difícil. Parece que Dios no me escucha sobre esto.” ¡Si esto es cierto, debes reconocer que no ves a Dios como Dios! Piensas que Dios siempre golpea en la puerta de al lado.

– ¿Soy ignorante de los caminos de Dios? Pregunté.

– Ya he dicho por Pablo que el deseo de Dios es “hacer todas las cosas más de lo que pedimos o imaginemos, según el poder que actúa en nosotros” (Ef. 3,20).

Los setenta ancianos de Israel comieron y bebieron en la mismísima presencia de Dios en la montaña. Pero el Señor dijo de ellos, “¡Ustedes nunca llegaron a conocerme ni a mi, ni a mis caminos!”

Recuerda a los discípulos que pasaron tres años en la presencia de Dios – con Cristo, el cual era Dios hecho hombre. Ellos se sentaron a escuchar sus enseñanzas y estuvieron con él día y noche. ¡Pero al final, ellos lo abandonaron y huyeron – por que no entendieron sus caminos!

– ¡Pero si yo rezo todos los días! Repliqué.

– Jesús te dice que Dios no escucha tus oraciones y alabanzas simplemente por que las repites una y otra vez, durante horas. Es posible orar, ayunar y hacer cosas justas, y aun así no alcanzar el lugar donde se sacie el hambre de conocerlo y de comenzar a entender sus caminos. No aprendes sus caminos al ir a rezar solamente, aunque todo aquél que verdaderamente conoce al Señor, tiene intimidad con él. Tu no puede conocer los caminos de Dios sin estar tiempo con él en oración. Pero la oración debe de incluir tiempo de calidad en el cual le permites a Dios ser Dios para ti – “Depositen en él todas sus preocupaciones, pues él cuida de ustedes” (1Ped. 5,7).

Recordé al niño que en el subte me entregó la estampa con la frase: “Solo me conoces de oídas” y reconocí que Jesús se comió mi alfajor.

– ¡Gracias Espíritu Santo! Y agregué: Mañana creo que me voy en colectivo.

PD: “Cualquier semejanza con tu realidad, es pura Providencia” (dalugas@gmail.com)

Para meditar en Comunidad o en el Silencio de tu corazón:

-Según tu propia experiencia con el Padre, ¿por qué considerás que «sólo lo conoces de oídas?

– ¿Solés limitar a Dios en algunas áreas de tu vida? ¿Cuáles?

«Señor, tu eres Dios para mi también»

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