Caritas Buenos Aires

Bocados de ánimo: “Sentimientos versus Escrituras" (Meditación – 76º semana)

Me llegó un mensaje con un consejo: «Todas las experiencias humanas de los cristianos deben ser puestas a prueba frente a la Palabra de Dios antes de sacar una conclusión» y vino a mi memoria lo que Pablo dice: “No extingan el accionar del Espíritu, no desprecien lo que dicen los profetas. Examínenlo todo y quédense con lo bueno. Cuídense del mal en todas sus formas.” (1Tes 5,19-22). Meditando en el consejo de Pablo, me animé y le pregunté ¿Qué quisiste decir? Entonces me respondió:

– A través de esta afirmación, estaba cuestionándome: ¿Pueden nuestros más profundos temores justificarse en las Escrituras? ¿Acaso se respalda nuestra fe vacilante en éstas? ¿Puede igualmente ampararse algún tipo de duda ante lo que dice Dios?

Cuando las circunstancias se vuelven abrumadoras y la duda entra a nuestros corazones, tenemos la tendencia a justificarla debido a lo difícil de las experiencias que estamos viviendo. Sentimos dolor, a causa de aflicciones de todo tipo y pruebas apabullantes. La pregunta es: ¿Cómo reaccionar ante todo esto? ¿Se justifica nuestra reacción en las Escrituras?

– Es decir que al no tamizar la experiencia, con los sentimientos o estados de ánimo que se despiertan en nosotros con la Palabra de Dios, ¿no podemos llegar a la verdad? Pregunté.

– Permíteme que responda a tu pregunta con otras: ¿Qué estás enfrentando en tu vida hoy?, ¿problemas financieros?, ¿desempleo? ¿Problemas de salud?, ¿ataques de pánico o ansiedad? ¿Cómo convives con ello?, ¿acaso tu reacción actual ante estos problemas se justifica en la Palabra de Dios? Por ejemplo, las Escrituras establecen que: «El que duda es semejante a un barco sacudido por las olas.» (Stg 1,6). ¿Lees por encima de esta Escritura y continúas dudando debido a las duras experiencias que te aquejan?

– Me siento reflejado en lo que decís, pero ¿vos no padeciste esta lucha de sentimientos encontrados?

– He sido tentado a dudar muchas veces cuando mi situación parecía irremediable. Quedó escrito cuando pregunté: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Acaso las pruebas, la aflicción, la persecución, el hambre, la falta de todo, los peligros o la espada?” (Rom 8,35). Sin embargo, usé cada vez la duda para confiar más en que el Espíritu Santo cambiaría la mirada sobre mi experiencia a lo que prometen las Escrituras. Las Escrituras triunfan sobre lo que llamamos experiencia. Por eso llegué a afirmar por fe: “Pero no; en todo eso saldremos triunfadores gracias a aquel que nos amó. Yo sé que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni las fuerzas del universo, ni el presente ni el futuro, ni las fuerzas espirituales, ya sean del cielo o de los abismos, ni ninguna otra criatura podrán apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor” (v37-39).

– Dios me ayude a examinar todos mis sentimientos en base a la Palabra de Dios. Afirmé.

– Para concluir, pregúntate: «¿Ésta reacción es bíblica? ¿Están mis emociones en sintonía con la Palabra de Dios?». Si no es así, ora con paciencia para admitirlo, para que su gracia pueda hacer los cambios pertinentes. ¡Mantén la fe en El para no extinguir al Espíritu!

– ¡Gracias Pablo!

Para meditar en Comunidad o en el Silencio de tu Corazón:

– ¿Alguna vez la duda se sembró en tu corazón? ¿Qué circunstancia estabas atravezando?

– ¿Cómo se reflejó esta duda o estado de animo con respecto a tu mirada hacia las Escrituras?

«Espíritu Santo, guí durante mis tormentas hacia la Palabra y el amor por Cristo»

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