Caritas Buenos Aires

Bocados de Ánimo: “Amor en latita de leche” (Meditación – 25º semana)

Dos hermanitos en pobres ropas, provenientes de la periferia de la gran ciudad, uno de cinco años y el otro de diez, iban pidiendo un poco de comida por las calle del centro. Estaban hambrientos: “vayan a la escuela y no molesten”, alguien les decía; “aquí no hay nada pordioseros…”, decía algún puestero.

Las múltiples tentativas frustradas, entristecían a los niños.

Por fin, una señora muy atenta les dijo: “Voy a ver si tengo algo para ustedes… ¡Pobrecitos!”

Y volvió con una latita de leche.

¡Que fiesta! Ambos se sentaron en la vereda.

El más pequeño le dijo al de diez años:

– Tú eres el mayor, toma primero… y lo miraba con sus dientes blancos, con la boca medio abierta, relamiéndose.

Yo contemplaba la escena como tonto… ¡Si vieran al mayor mirando de reojo al pequeñito…! Se lleva la lata a la boca y, haciendo de cuenta que bebía, apretaba los labios fuertemente para que no le entre ni una sola gota de leche.

Después, extendiéndole la lata, decía al hermano menor:

-Ahora es tu turno. Sólo un poquito.

Y el hermanito, dando un trago exclamaba: -¡Está buenísima!

-Ahora yo, -dice el mayor. Y llevándose a la boca la lata, ya medio vacía, no bebía nada.

“Ahora tú”, “Ahora yo”, “Ahora tú”, “Ahora yo”…

Y, después de tres, cuatro o cinco tragos, el menor, de cabello ondulado, barrigucho, con la camisa afuera, se acababa toda la leche… él solito.

Esos “ahora tú”, “ahora yo” me llenaron los ojos de lágrimas…

Y entonces, sucedió algo que me pareció extraordinario. El mayor comenzó a cantar, a danzar, a jugar con la lata vacía de leche.

Estaba radiante, con el estómago vacío, pero con el corazón rebosante de alegría. Brincaba con la naturalidad de quien no hace nada extraordinario, o aún mejor, con la naturalidad de quien está habituado a hacer cosas extraordinarias sin darles la mayor importancia.

Piedra libre a:

“Quien da es más feliz que quien recibe.”

Es así que debemos amar, sacrificándonos con tanta naturalidad, con tal elegancia, con tal discreción, que los demás ni siquiera puedan agradecernos el servicio que les prestamos.

El amor comienza cuando una persona siente que las necesidades de otra son tan importantes como las suyas propias.

Qué bello puede ser el día cuando la bondad lo ha iluminado.

Yapitas bíblicas:

Tú, cuando ayudes a un necesitado, ni siquiera tu mano izquierda debe saber lo que hace la derecha: tu limosna quedará en secreto. Y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará” (Mateo 6,14).

“Uno reparte abundantemente y se enriquece, otro economiza y se empobrece. El que es generoso será saciado, el que riega será regado” (Salmo 11,24-25).

“Cualquier semejanza con tu realidad es pura Diosidencia.” (dalugas@gmail.com).

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