Caritas Buenos Aires

Bocados de Ánimo: “La maestra Noemí” (Meditación – 43º semana)

         Su nombre era Srta. Noemí. Mientras estuvo al frente de su clase de 5º grado, el primer día de clases lo iniciaba diciendo a los niños una mentira piadosa, miraba a sus alumnos y les afirmaba categóricamente que a todos los querría por igual. Pero eso no era posible, porque ahí en la primera fila, desparramado sobre su pupitre, estaba un niño llamado Tedy.

         La maestra Noemí había observado a Tedy desde el año anterior y había notado que él no jugaba mucho con otros niños, su ropa estaba muy descuidada y necesitaba darse un buen baño.

         Tedy comenzaba a ser un tanto desagradable. Llegó el momento en que la maestra disfrutaba al marcar los trabajos de Tedy con un fibrón rojo haciendo una gran X y colocando un cero muy llamativo en la parte superior de sus tareas.

         En la escuela donde la Srta. Noemí enseñaba, le era requerido revisar el historial de cada niño, dejando el expediente de Tedy para el final.

         Cuando llegó el momento, revisó su expediente y se llevó una gran sorpresa. La maestra de 1° grado escribió: «Tedy es un niño muy brillante con una sonrisa sin igual. Hace su trabajo de una manera sumamente prolija y tiene muy buenos modales… es un placer tenerlo cerca».

         Su Srta. de 2° grado escribió: «Tedy es un excelente estudiante, se lleva muy bien con sus compañeros, pero se nota preocupado porque su madre tiene una enfermedad incurable y el ambiente en su casa debe ser muy difícil».

         La maestra de 3° grado escribió: «Su madre ha muerto, ha sido muy duro para él. El trata de hacer su mejor esfuerzo, pero su padre no muestra mucho interés y el ambiente en su casa le afectará pronto si no se toman ciertas medidas».

         Su Srta. de 4° grado escribió: «Tedy se encuentra atrasado con respecto a sus compañeros y no muestra mucho interés en la escuela. No tiene muchos amigos y en ocasiones, se duerme en clase».

         Ahora la Srta. Noemí se había dado cuenta del problema y estaba apenada con ella misma. Comenzó a sentirse peor cuando, llegado el día del Maestro, sus alumnos les llevaron sus regalos envueltos con preciosos moños y papel brillante, excepto Tedy. Su regalo estaba mal envuelto con un papel amarillento que él había tomado de una bolsa de compras.

         A la maestra le dio pánico abrir ese regalo frente al resto de los alumnos. Algunos niños comenzaron a reír cuando ella encontró un viejo brazalete y un frasco de perfume con solo un cuarto de su contenido.

         Detuvo las burlas de los niños al exclamar lo precioso que era el brazalete mientras se lo probaba y se colocaba un poco del perfume en su muñeca.

         Tedy se quedó ese día hasta el final de la clase el tiempo suficiente para decir: -“Maestra, el día de hoy usted huele como solía oler mi mamá».

         Después de que el niño se fue, ella lloró por un buen rato.

Desde ese día,  dejó de enseñarles a los niños solo a leer y a escribir, comenzó a educar a los niños, con atención especial en Tedy.

         Conforme comenzó a trabajar con él, su cerebro comenzó a revivir. Mientras más lo apoyaba, él respondía más rápido. Para el final del ciclo escolar, Tedy se había convertido en uno de los niños más aplicados de la clase y, a pesar de su premisa, de que quería a todos sus alumnos por igual, Tedy se convirtió en uno de los consentidos de la maestra.

         Un año después,  encontró una nota debajo de su puerta.  Era de Tedy, diciéndole que ella había sido la mejor maestra que había tenido en toda su vida. Seis años después, para la misma fecha, recibió otra nota de Tedy. Ahora escribía diciéndole que había terminado la preparatoria siendo el tercero de su clase y ella seguía siendo la mejor maestra que había tenido en toda su vida.

Cuatro años después, recibió otra carta que decía que a pesar de que en ocasiones las cosas fueron muy duras, se mantuvo en la escuela y pronto se graduaría con los más altos honores. Él le reiteró a la Srta. Noemí que seguía siendo la mejor maestra que había tenido en toda su vida y por eso su favorita.

         Cuatro años después recibió otra carta. En esta ocasión le explicaba que después de que concluyó su carrera, decidió viajar un poco. En la carta explicaba que ella seguía siendo la mejor maestra que había tenido y su favorita, pero ahora su nombre se había alargado un poco, la carta estaba firmada por el Dr. Teodoro.

         La historia no termina aquí. Existe una carta más que leer. Tedy ahora decía que había conocido a una chica con la cual iba a casarse. Explicaba que su padre había muerto hacía un par de años y le preguntaba a la Srta. Noemí si le gustaría ocupar en su boda el lugar que usualmente es reservado para la madre del novio. Por supuesto la Srta. Noemí aceptó y adivinen…

         Ella llega usando el viejo brazalete y se aseguró de usar el perfume que Tedy recordaba que usó su madre la última Navidad que pasaron juntos. Se dieron un gran abrazo y el Dr. Teodoro le susurró al oído, «Gracias Srta. Noemí por creer en mí. Muchas gracias por hacerme sentir importante y mostrarme que yo puedo hacer la diferencia».

         La Srta. Noemí con lágrimas en los ojos, tomó aire y dijo, «Tedy, te equivocas, tú fuiste el que me enseñó a mí que yo puedo hacer la diferencia. No sabía cómo educar hasta que te conocí».

Piedra libre a:

Redimir al cautivo de cualquier forma de cárcel o esclavitud. Es cierto que sería bueno visitar a los presos en la cárcel si está en nuestras posibilidades, pero debemos descubrir nuevos rostros de privación de libertad.

Hay personas a nuestro alrededor que son esclavas de situaciones que no pueden resolver solas y con nuestra comprensión y ternura por su historia las podemos liberar.

Yapitas bíblicas:

“¿No saben cuál es el ayuno que me agrada? Romper las cadenas injustas, desatar las amarras del yugo, dejar libres a los oprimidos y romper toda clase de cadenas.” (Isaías 58,6)

 “Pues tu fuerza no está en la multitud, ni tu poder en los valientes, sino que eres el Dios de los humildes, defensor de los pequeños, apoyo de los débiles, protector de los abandonados, salvador de los desesperados” (Judit 9,11).

Otros: (Salmo 145, 8-9).

“Cualquier semejanza con tu realidad es pura Diosidencia.” (dalugas@gmail.com).

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