Caritas Buenos Aires

Bocados de Ánimo: “Madre Amiga” (Meditación – 51º semana)

Dos amigos se encontraban tomando un café, y uno le comenta en tono de queja al otro:

  – Mi mamá me llama mucho por teléfono a la oficina y sólo para pedirme que vaya a conversar con ella, siempre la misma quejosa, que se siente sola; la verdad yo voy poco y en ocasiones siento que me molesta su forma de ser. Ya sabes como son los viejos: Cuentan las mismas cosas una y otra vez y sin mencionar los achaques que estrena cada día; y bueno, como tú sabes nunca me faltan los compromisos: Que el trabajo, que los amigos, la terapia. En fin sabes como es, ¿No?

El otro amigo se queda callado, y luego responde:

  – Yo en cambio, converso mucho con mi mamá; cada vez que estoy triste, voy con ella; cuando me siento solo o cuando tengo un problema y necesito fortaleza, acudo a ella y ella me reconforta, me da ánimo, y siempre termino sintiéndome mejor.

  – Caramba – se apenó el otro – Eres mejor hijo que yo.

  – No lo creas, soy igual que tú, o al menos lo era – respondió el amigo con tristeza.

  – ¿Dónde vive tu madre? – preguntó.

  – En realidad visito a mi mamá en el cementerio. Murió hace tiempo, pero mientras estuvo conmigo, tampoco yo iba a conversar con ella. Pensaba y sentía lo mismo que tú. Y no sabes cuanta falta me hace ahora su presencia, cuánto no daría por sentir las caricias que con tanto amor me prodigaba, y que rechazaba porque ya no era un niño; o cuánto me pesa no haber escuchado todos los consejos que me daba, cuando con torpeza le decía: Yo sé lo que hago, y por ello cometí muchos errores. ¡Ay amigo! si supieras ahora como la busco,  ahora es mi mejor amiga. Cuando sentado en la tierra fría del cementerio miro solo su foto en el muro gris, en el que le escribí: ¡Te amo! (palabras que casi nunca escuchó de mis labios), le pido que me perdone por haber sido tan frío, por las veces que le mentí, y por los muchos besos que no le di, más en el silencio me responde y cuando una brisa acaricia mis mejillas,  sé que ella me perdona.

Mira con ojos empañados a su amigo y le dice: Discúlpame este arranque, pero si de algo te sirve mi experiencia, conversa con ella hoy que la tienes, valora su presencia resaltando sus virtudes que seguro posee, deja a un lado sus errores, que de una u otra manera, forman parte de su ser. No esperes a que esté en un cementerio porque ahí la reflexión duele hasta el fondo del alma, porque entiendes que ya nunca podrás hacer lo que dejaste pendiente, será un hueco que nunca podrás llenar.

No permitas que te pase lo que me pasó a mí.

Cada uno volvió a su vida, pero en el camino, iba pensando en las palabras de su amigo. Cuando llegó a la oficina, dijo a su secretaria:

  – ¡Comuníqueme por favor con mi madre, no me pase más llamadas y también modifique mi agenda porque este día lo dedicaré a ella!

Decidió no dejar pasar el día sin decir: Te amo, mamá.

 Piedra libre a:

Podemos descubrir varias obras de Misericordia en esta historia.

Corregir al que se equivoca al no pensar en su madre, sino en sí mismo.

Consolar al triste pensando en la madre que no es llamada o visitada.

Sufrir con paciencia los defectos del prójimo de parte del hijo hacia su madre demandante.

Visitar y cuidar a los enfermos, como es el caso de su madre descuidada.

Orar por vivos y difuntos: Para quien aún la tiene a su lado, ámala. Abrázala siempre. Y para quien ya no la tiene, guarda sus recuerdos en el más precioso de los baúles. Dondequiera que ella esté, debes  saber que siempre va a entender el mensaje.

Y si ella ya no está a tu lado, cierra los ojos y haz una oración por ella, agradeciendo por la vida y dile que la amas.

Ruega a María, Madre de todos, llene de afectuoso amor tu corazón de hija o hijo.

Yapitas bíblicas:

“Llamó pues a su hijo Tobías y le dijo: “Cuando haya muerto, hazme un entierro conveniente. Honra a tu madre y no la abandones un solo día de tu vida. Haz lo que necesite y no le des ningún motivo para que se entristezca. Acuérdate, hijo mío, de los peligros que corrió por ti cuando todavía estabas en su seno, y cuando haya muerto, entiérrala a mi lado” (Tobías 4,3-4).

Otros: (Eclesiástico 3, 8-11).  (Proverbios 23, 22.25).

 “Cualquier semejanza con tu realidad es pura Diosidencia” (dalugas@gmail.com)

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