Caritas Buenos Aires

Bocados de Ánimo: “La Perla” (Meditación – 54º semana)

Terminé de leer en estos días una novela que trataba sobre una persona que abandonó todo y se dirigió a Sudáfrica para buscar diamantes y perlas. Me resultó muy atrapante. Cuándo la leía me acordé de esta parábola de Jesús: “Aquí tienen otra comparación con el Reino de los Cielos: un comerciante que busca perlas finas. Cuando encuentra una perla de gran valor, se va, vende cuanto tiene y la compra.” (Mateo 13,45-46). Al buscar en mi Biblia este relato, reconocí que el Reino de Dios es la perla preciosa y yo soy el buscador de la novela. De repente me encontré regateando con Jesús el precio del Reino:

– ¿Cuánto cuesta esta perla?

– ¡La verdad es que es muy costosa!

– Insisto ¿Cuánto cuesta?

– Es muy, muy cara

– ¿Piensas que podría comprarla?

– Por supuesto. Cualquiera puede comprarla.

– Pero ¿No me acabas de decir que es muy cara?

– Si.

– Entonces, ¿Cuánto cuesta?

– Todo lo que tengas.

– Muy bien, estoy decidido ¡Te la compro!

– De acuerdo ¿Cuánto tienes?

– Bueno… Tengo un poco de efectivo en la billetera.

– ¿Cuánto?

– Déjame ver… diez, veinte, cincuenta… esto es todo. ¡Noventa pesos!

– Magnífico. ¿Qué más tienes?

– Tengo unos ahorros en el banco.

– Bien, los tomo. ¿Qué más tienes?

– Eso es todo lo que poseo.

– ¿No tienes nada más?

– Ya te dije. Nada más. Eso es todo.

– ¿Dónde vives?

– En mi casa.

– ¿Tienes una casa? ¡La casa también!

– Si te la doy tendré que dormir en mi auto.

– Así que también tienes un auto.

– El auto pasa a ser de mi propiedad. ¿Qué más tienes?

– Pero, ya tienes mi dinero, mis propiedades, mi auto. ¿Qué más quieres?

– ¿Estás solo?

– No, tengo a mi hija.

– Tu hija también pasa a ser mía. ¿Qué más tienes?

– No me queda nada. He quedado yo solo.

– Esta perla requiere todo, todo. ¡Tú pasas a ser también de mi propiedad!

– Ahora si no me queda nada, ni yo mismo.

– Ahora presta atención: todo lo que me entregaste es lo que cuesta esta perla preciosa, el Reino de Dios. Tienes la perla preciosa. Pero aún no he terminado.

– No tengo otra cosa que lo puesto.

– No es así. Tienes tu prontuario, es decir todos tus pecados, presentes, pasados y futuros.

– ¿Para que te sirven Señor?

– Para perdonarlos ahora. Tu nombre está escrito en el libro de la vida. Eres miembro de la familia de Dios y tienes vida eterna.

– Te he entregado todo. ¿De qué viviré?

– Mientras vivas en este mundo, te permito vivir en la casa que tienes y administrar las que vengan. Te doy permiso para que vivas con tu hija, que también es mía. Usa mi auto y te entrego para que administres, todo el dinero que me diste a cambio de la perla.

– ¡Gracias! Pero entonces, si me devuelves todo lo que te di para comprar la perla ¿Cuál es la diferencia?

– Una diferencia muy grande. Como la casa donde vives es ahora mía, yo quiero que esté abierta a la hospitalidad, que tus vecinos encuentren allí calidez, haciendo un lugar de oración. Quiero que el auto esté a mi servicio. El auto es mío, tú ahora eres mi chofer. Si necesito llevar a un hijo mío al hospital o a algún anciano a la iglesia o a cualquier otro lugar, no olvides que el auto es mío y tu mi chofer. También el dinero que te devolví es mío, debes administrarlo bien y dar una parte para los más necesitados. Todo lo que tienes es mío y debe estar a mi servicio. ¡Goza de mi Reino y cuida mis bienes!

– Ahora se que eres: ¡Mi perla, mi tesoro! ¡Mi Señor!

– Recuerda que donde tengas tu tesoro, estará tu corazón.

Piedra libre a:

Hacer cualquier obra de Misericordia, material o espiritual es reconocer que somos administradores de los bienes y del tiempo que Dios nos confía en bien de todos sus hijos, que en definitiva son mis hermanos que buscan ser reconocidos como tales por mi complicidad.

PD: “Cualquier semejanza con tu realidad, es pura Providencia” (dalugas@gmail.com)

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