Caritas Buenos Aires

Bocados de Ánimo: “Derecho a la Identidad” (Meditación – 55º semana)

Charlando con Jorge un hombre de 45 años, hijo único, me contaba que hacía unos meses descubrió que era adoptado. Esta noticia, más allá de moverle el piso de todo lo que había edificado hasta ese momento, no hizo más que confirmar una sensación interior que siempre lo acompañó, como si hubiera una parte de verdad desconocida. Sus padres adoptivos le contaron que su madre biológica murió en el parto, por eso su padre, que aún vive, lo había dado en adopción. Se dio cuenta que saber que su padre aún existía, no era suficiente, necesitaba encontrarlo para conocerlo y alcanzar su verdadera identidad. Luego de buscar y encontrar a su padre biológico en un momento muy emotivo, descubrió además que tenía un hermano. A partir de ese hecho ha debido replantearse todo en su vida. Reconoce que ama a sus padres adoptivos, agradecido por todo lo que le dieron y visita con frecuencia a su padre y hermano. Hoy siente la dicha de haber descubierto, aún a costa de un proceso doloroso, una verdad que lo ha hecho libre, pariendo su verdadera identidad.

Esto que me contó Jorge me ha hecho pensar que a muchos creyentes, aún sabiendo que Dios existe, los acompaña en el alma la sensación de ser “hija o hijo no reconocido”. Saber que existe no es suficiente, piden tener una experiencia personal en algún momento de sus vidas que colme esa necesidad de ser reconocido como hijo o hija de Dios.

Poner en palabras esta sensación, nos puede llevar a comprender que parte fundamental de la misión de la persona de Jesús hecho hombre es mostrarnos el rostro paterno de Dios: “Mi Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar” (Mateo 11, 26-27)

Recordemos la intervención de Felipe que resume esta inquietud a la que hice referencia: Dijo Jesús: “Si me conocen a mí, también conocerán al Padre. Pero ya lo conocen y lo han estado viendo.” Felipe le dijo: “Señor, muéstranos al Padre, y eso nos basta.” Jesús le respondió: “Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces? El que me ve a mí ve al Padre. ¿Cómo es que dices: déjanos ver al Padre? ¿No crees que yo esté en el Padre y que el Padre está en mí? Cuando les enseño, esto no viene de mí, sino que el Padre, que está en mí, hace sus propias obras.” (Juan 14, 7-10).

Jesús nos está diciendo: «Ustedes necesitan la revelación de quién es su Padre para luego sí ser capaces de enseñar a otros, que andan como huérfanos. Ellos piensan que a nadie le importan, que son hijos ilegítimos o no reconocidos, así que ustedes deben trabajar como yo he trabajado por El y hablar como yo he hablado de Él; ellos necesitan saber que tienen un Padre amoroso en el cielo.»

También creo que otros llevan en el alma, como el hijo prodigo, la sensación de no ser “una hermana o hermano reconocido” y por eso Jesús es el hermano que nos reconoce como tal, y nos dice: «Miren mi vida. Escuchen lo que digo. Vean las obras que yo hago. Todo es acerca de mi Padre celestial, su Padre y de mi como el hermano que los reconoce.»

Me imagino a Jesús diciéndoles lo siguiente: «¿Así que quieren que les muestre al Padre? Solamente recuerden las bodas de Caná, convertir el agua en vino fue una expresión de mi Padre, estaba mostrando su preocupación por las más pequeñas e insignificantes necesidades de sus hijos, mis hermanos. Él estaba mostrando que tiene cuidado de la familia, el matrimonio y los alimentos de sus hijos. ¡Ese es el Padre en acción! nunca he hecho nada por mi propia cuenta, sino sólo lo que Él me ha dicho que haga.» (Juan 14, 10-11).

Y continúa: «¿Se acuerdan de cuando alimenté a los cuatro mil, y después a los cinco mil? Esas personas habían estado sin comida durante casi tres días. Ustedes vieron cuán hambrientos estaban y preguntaron: «¿Cómo vamos a darles de comer?” Así que partí los panes y los peces que ofreció un joven y los repartimos; ustedes vieron cómo la gente tomó con abundancia los alimentos. ¿Se acuerdan de todas las canastas sobraron?»

¿Por qué Jesús dice que el Espíritu Santo traerá todas las cosas a nuestra memoria? Porque es así como podemos tener un encuentro personal con el Padre. Es así como podemos repetir en nuestras mentes todos los milagros que ha hecho en nuestras vidas: cada liberación y cada obra maravillosa. Jesús decía a través de todo lo que hacia: «¡Todo lo que hago por ti, es una expresión del Padre Bueno, quién es Él y lo que Él quiere ser para ti!»

¡Pensá que la fidelidad de Jesús a esta misión que acordó con Dios Padre le costó la vida! Entonces no dejes que nadie te convenza de que estás en este mundo por un error de cálculo de tus padres.

Piedra libre a:

Enseñar al que no sabe. Que no sabe que es hijo de Dios y por eso lo ves como tu hermano. Que no sabe que Dios le perdona todo, dándole tu perdón o visitándolo en su prisión. Que no sabe que Dios no quiere que pase hambre y por eso le hace llegar tu pan. Que no sabe que Dios lo cuida, visitándolo en su enfermedad, compartiendo tu abrigo.

Te invito a imaginar las demás obras de misericordia que le llegan por tu mediación.

 “Cualquier semejanza con tu realidad es pura Providencia.” (dalugas@gmail.com)

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