Caritas Buenos Aires

Bocados de Ánimo: “Jesús, Cartonero de Vidas” (Meditación – 57º semana)

El Cartonero es signo de la tarea de las Caritas del conurbano. Lo vemos venir diariamente a la Ciudad de Bs. As. en busca de lo que esta Gran Ciudad desecha, al igual que la cananea que se conforma: “con las migajas que caen de la mesa de los señores (Mt. 15, 27)” y lo convierte en su sustento.

Recordando aquello de: “Dios elige lo que la sociedad desprecia o desecha o excluye”, por eso reconocemos en él a Jesús y aceptamos que nuestra pobreza, es la riqueza de otros, como aquello de los panes y peces.

Imaginamos ahora a Jesús, tirando de su carro de cartonero, pateando desde el conurbano para recoger, no ya cartón, sino a todos los que son excluidos y desechados de la sociedad, entre los que nos contamos todos aquellos que descubrimos en el sufrimiento bajo cualquier forma, sea propio o ajeno, que a modo de maestra, nos hace sensibles y nos resucita a toda forma de solidaridad en la sociedad y es este dolor que el mundo silencia y rechaza,  el que nos asemeja.

De este modo vemos a Jesús, con su carro, recorriendo el camino de la Solidaridad, desde nuestra realidad hacia una meta de Vida Plena. Como el Buen Samaritano, se detiene alentando, curando el desánimo, invitando y tendiendo una mano comprometida con todo aquel que, bajo cualquier bandera, camina senderos de Solidaridad.

Esta quien se sube a su carro, como discípulo misionero dando una mano a otros y quien simplemente camina a su lado, aún sin confesar a Jesús, pues se siente alentado al descubrir que no está solo en el sendero, aunque a veces así aparente.

Y así en el carro de Jesús cartonero de vidas o junto a él, hay hombres y mujeres, con diversidad de pilchas, que a modo de signo, refleja su lugar en la sociedad. Otros con banderas o tatuajes en su cuerpo que encarnan su adhesión ideológica o su prontuario (piquetero, la hoz, el Che, preso. etc.). Rostros con distintas tonalidades de piel y entonaciones que identificamos como bolivianos, paraguayos, peruanos, coreanos, provincianos y villeros. Otros con imágenes, libros o un signo que hacen pública su confesión religiosa (aborígenes, judíos, musulmanes, evangélicos, católicos, etc.).

Imaginamos su carro pintado con graffiti que anuncian una Buena Noticia, que por sí misma denuncia la injusticia. Su misericordia ha transformado sus prontuarios en currículum y esto logra que todos se sientan prójimos y así descubren que la solidaridad no tiene dueño, ni franquicia: “Maestro, hemos visto a otros haciendo solidaridad en Tu Nombre, e intentamos impedirlo, pues no eran de los nuestros. Dijo Jesús: No se lo impidan, pues el que no está contra nosotros, está a nuestro favor” (Lc. 9, 49-50).

Sean líderes o asistidos, todos al igual que el leproso que encontró a Jesús (Lc. 5, 12) sienten que son incluidos en la Vida, pues El les reconoce y restituye la dignidad que creían perdida, no pudiendo callar ésta experiencia.

Todos, concientes o no, perciben que llevan en sus iniciativas de bondad, las “Semillas del Verbo”. A ellos Jesús Cartonero de vidas, El Buen Samaritano, les dirá al final del camino: “Vengan, Benditos de mi Padre, a compartir la Vida Plena, porque tuve hambre, sed, frío, fui preso, extranjero, enfermo, etc. Y me ayudaron” (Mt. 25, 31-46).

Piedra libre a:

El relato nos invita a descubrir que hay diversas formas cotidianas en que podemos ver que muchas personas, aún no creyentes, hacen de la solidaridad un valor social.

Al descubrirlas en la calle, podemos pensar que se está cumpliendo aquello que pedimos en el Padrenuestro: “Venga a nosotros tu Reino.”

Todos podemos contribuir a mejorar el mundo, ya que si das lo mejor de vos, el mundo será distinto.

 PD: “Cualquier semejanza con tu realidad, es pura Providencia” (dalugas@gmail.com)

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