Caritas Buenos Aires

Bocados de ánimo: "¡Eres especial!" (Meditación – 58º semana)

¡Hoy mi papá cumpliría años! Me levanté temprano, me bañé, preparé unos mates e hice una oración por él. Todo normal hasta ahí. De improviso, como el flash de una foto, reviví un recuerdo:
“Yo nunca olvidaré el dolor que sintíó mi papá cuando un tiempo antes de morir, fui y le confesé, “Papá, quiero decirte algo que no llegué a confesarle a mamá y es que ni una vez he sentido que te he complacido. Nunca me sentí merecedor de tu amor. Siento que los he defraudado muchas veces. Tú debes de estar realmente decepcionado de mí.”
Leí en su rostro: ¡Nunca una palabra me ha dolido más! Me preguntó ¿Qué habré hecho para hacer que mi hijo se sintiera de esa manera? Luego, con un dolor profundo en el corazón, me abrazo y con los ojos llenos de lágrimas, me dijo, “Cuán equivocado estás hijo. Yo siempre te he demostrado como pude mi amor desde niño. Te lo he dicho con la limitación de la educación afectiva que no recibí. Lo he intentado una y otra vez trabajando para que no te faltara nada. Yo creía que todos mis hijos se sentían seguros en mi amor. ¿Cómo pudiste tener esta idea falsa por tanto tiempo y llevarla con tanta pena y culpa innecesaria?”
Finalmente me dijo, “Hijo siempre has sido especial para mí y para tu madre. Es más, has sido la niña de mis ojos. Cuando pienso en vos, todo mi ser se ilumina. Es verdad que has hecho cosas necias a veces, pero también las han hecho tus hermanos. Y estás perdonado. Te arrepentiste y yo nunca pensé que tú eras menos. Eres sólo una alegría para mí. Toda tu vida me ha traído felicidad. Has sido un regalo para mi corazón y el de tu mamá que ya está con Dios.”
El Espíritu Santo me hizo ver y comprender, a partir de ese recuerdo, con una voz que dijo así: “¡Esto les sucede a muchos pastores y a simples cristianos, como vos, en la relación con Dios Padre! ¡El diablo los ha convencido que lo único que han hecho es decepcionar a Dios y que nunca podrán complacerlo!
Simplemente, no se deciden a aceptar el amor incondicional de Dios. En lugar de eso, viven como si Dios estuviera siempre desilusionado. Se conformarían con que Dios los tratara como una mascota a la que cada tanto acaricia, cuando Él quiere tratarlos como a Hijos y poder abrazarlos con ternura. Cuán horrible manera de sentir y de vivir. Si descubrieran el dolor del Padre Bueno cuando ve a sus hijos vivir de esa manera, al no dejarse convencer por la verdad que reveló Jesús y es contraria a lo que sienten.
Hijo, a vos te digo y a quien le llegue este diálogo: ¡Desde el día que naciste, has sido muy especial para tu Padre celestial!

PD: “Cualquier semejanza con tu realidad, es pura Providencia” (dalugas@gmail.com)

Para meditar en comunidad o en tu espacio de oración

¿Sientes el amor del Padre?  ¿Cúando? ¿Dónde?

¿Tomás en cuenta que cada uno de tus hermanos siente el amor del padre a través de tuyo? ¿Qué podrías hacer para que su amor se sienta con más fuerza?

Durante esta semana, te invitamos a pensar cada mañana que el Padre te ama y que ese amor es un don para comparti.

Jesús, te pido que a lo largo de esta semana me permitas experimentar el amor del Padre sirviendo a cada hermano como alguien especial. Amén.

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