Caritas Buenos Aires

Bocados de ánimo: “Espíritu Consolador" (Meditación – 59º semana)

En cualquier momento del día nombro al Espíritu Santo, así sea haciéndome la simple señal de la Cruz. Lo hago desde pequeño. Pero leyendo mi Biblia, encontré que Jesús llama al Espíritu Santo, «el Consolador» en palabras de San Juan. Hoy siento que necesito ese consuelo y motivado por esto, decidí hablar con Juan.

– ¿Cómo lograr recibir su Consuelo?

– Una cosa es conocer al Espíritu Santo como nuestro consolador y otra, es saber cómo él nos consuela. Al comprender el “Cómo” podremos distinguir el consuelo que proviene de la propia emotividad, de aquél que procede del Espíritu.

– ¿Podrías ejemplificarlo?

– Piensa en un hermano que es invadido por la soledad. El ruega por el consuelo del Espíritu Santo y espera que el consuelo venga en forma de sensación. De hecho, se lo imagina como una especie de aliento repentino del cielo, como un sedante espiritual llegando a su alma. Este sentimiento de paz en realidad puede llegar a él, pero a la mañana siguiente ya no está. Como resultado de ello, empieza a creer que el Espíritu Santo rechazó su petición.

– ¿Y rechazó su petición?

– ¡No, nunca! El Espíritu Santo no nos consuela manipulando nuestros sentimientos. Su forma de consolar es infinitamente diferente y lo describo claramente en el Evangelio. No importa cuál sea el problema, prueba o necesidad, su ministerio como El Consolador se logra manifestando la verdad: «Cuando él [el Espíritu Santo] venga, él los guiará a la verdad» (Juan 16,13).

– ¿Y la Verdad no es algo racional?

– El hecho es que su consuelo emana basado en lo que creemos, por su promesa y no en lo que sentimos. ¡Sólo la verdad creída prevalece sobre los sentimientos! El ministerio de consuelo del Espíritu Santo comienza con esta verdad fundamental: Dios no está enojado contigo. Él te ama. Aunque ahora no lo sientas.

– ¿Es decir que “Creer” no siempre es “Sentir”?

– Ese es el paso hacia el Amor maduro. Pablo lo dirá como una certeza: «La esperanza no nos defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado» (Romanos 5,5). Aquí, el significado griego es incluso más fuerte que el sugerido en la traducción, pues señala que el amor de Dios es «derramado a borbotones» en nuestros corazones a través del Espíritu Santo.

– Estar demasiado atento a mis sensaciones ¿Condicionan su consuelo?

– Suele suceder, pues una carga emocionalmente insoportable puede ser causada por miedo, vergüenza, tristeza, aflicciones, tentaciones, o desaliento. Sin embargo, no importa cuál sea la causa, el consuelo es necesario. De repente, tú escuchas una voz que hace eco en cada rincón de tu alma, es la voz del Espíritu Santo susurrando una verdad, «Nada puede separarte del amor de Dios. ¡Créelo!»

– ¿De alguna manera me estas diciendo que hay muchas mentiras dando vueltas por mi cabeza?

– ¡Así es! De hecho una vez que tú haz “creído” esta verdad, no digo “sentido”, rápidamente se convierte en un torrente de agua viva que extingue todo engaño. «Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él les enseñará todas las cosas y les recordará todo lo que yo os he dicho» (Juan 14,26).

– Gracias Juan. Otro día te pediré me hables sobre el Espíritu como “Abogado”.

“Cualquier semejanza con tu realidad, es pura Providencia”

Daniel Gassmann

 

Para meditar en comunidad o en la intimidad del corazón:

 -¿En que momento siento al espíritu en mi vida? ¿Se percibir su consuelo más allá del sentimiento?
-¿Soy un instrumento, dejando que pueda yo ser consuelo para otros?
-Elige algo concreto que puedas trabajar en esta semana con tu comunidad y en tu vida sobre alguna cuestión que haya disparado esta meditación.

Ven Espíritu Santo

Ven, Espíritu Santo,
y envía desde el cielo
un rayo de tu luz.

Ven, Padre de los pobres,
ven a darnos tus dones,
ven a darnos tu luz.

Consolador lleno de bondad,
dulce huésped del alma,
suave alivio de los hombres.

Tú eres el descanso en el trabajo,
templanza de las pasiones,
alegría en nuestro llanto.

Penetra con tu santa luz
en lo más íntimo
del corazón de tus fieles.

Sin tu ayuda divina
no hay nada en el hombre,
nada que sea inocente.

Lava nuestras manchas,
riega nuestra aridez,
cura nuestras heridas.

Suaviza nuestra dureza,
elimina con tu calor nuestra frialdad,
corrige nuestros desvíos.

Concede a tus fieles,
que confían en ti,
tus siete dones sagrados.

Premia nuestra virtud,
salva nuestras almas,
danos la eterna alegría.

Amén.

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